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En los caminos del Rey

Nota de prensa que salio publicada en página siete el día domingo 5 de enero de 2020 en la revista Rasca Cielos en las páginas 18 al 25

Una crónica de viaje en busca de un hombre que mira al horizonte. En el camino, una historia inesperada. Don Julio Pinedo, el rey afroboliviano, sentencia: “En Bolivia todos somos huérfanos”.

Mauricio Rodríguez Medrano

Todo sucedió, más o menos, el mismo día: mi padre nos abandonó. Y más tarde logré conseguir un trabajo freelance. Estuve desempleado durante dieciocho meses luego de renunciar a un trabajo de transcriptor en un Internet llamado “La cueva de Chun Li”. Era recién egresado de Comunicación Social, de la Universidad Mayor de San Andrés (UMSA).


Soy huérfano.

El trabajo consistía en hacer un reportaje sobre el rey afroboliviano, Don Julio I.

Lo que leí en Internet: El periódico El Mundo publicó el 7 de abril de 2013 un reportaje fotográfico sobre Don Julio y en el subtítulo decía “Una insólita monarquía en el corazón de Bolivia lo tiene como protagonista. Viaje al mundo de Julio Pinedo, con pasado esclavo y presente de líder”. El diario El País tituló su reportaje “El último Rey de América”. El diario Prensa Libre tituló el suyo “El último rey de Sudamérica sobrevive en Bolivia”.

La comunidad afroboliviana y su monarquía están reconocidas legalmente por el Estado Plurinacional de Bolivia y la Organización de las Naciones Unidas (ONU).

Fui a Tocaña en un taxi–surubí. Tenía un mensaje pegado en el parabrisas posterior: “No me sigas que estoy perdido”. Y también: “Pero sigo siendo el rey”. El conductor, Hilario Apaza, era mi padrino de bautizo. Y primera comunión. Y confirmación. Moreno, estrábico, corpulento pero bajito: era fanático de Luis Miguel y siempre usaba gafas de aviador, como las del cantante mexicano en el videoclip “La incondicional”.

Tenía 37 años.

En Internet también vi un documental que titulaba El rey negro. En él se entrevistaban a varias personas de las comunidades rurales afrodescendientes en la zona de Los Yungas: Tocaña, Mururata, Yariza, Chicaloma, Irupana, Coripata, Dorado chico, Chijchipa, Negrillani, Chulumani, Coroico.

Don Julio en algunos momentos era parco en sus palabras o se negaba a hablar.

Decía: “Los reyes viven en palacios. Yo solo soy un agricultor. No tengo nada de lo que se supone debe tener un rey. Mi vida es siempre la misma: cosechar cada día. Eso es lo único real”.

En La Cumbre mi padrino me contó que su esposa lo engañó con un exluchador del Multifuncional de El Alto. Le dije: “Mis sentidos pésames”. “No está muerta, pendejo”, me dijo. “Pero gracias”. La niebla era espesa y lloviznaba. La tierra era estéril, casi negra, llena de cascajo hasta la entrada del túnel Cotapata.

Dije, algo nervioso: “Deberías bajar la velocidad”.

“Las curvas son cerradas”.

Dijo: “Soy Toretto”.

Íbamos a más de 120 kilómetros por hora.

“¡Qué rebaje su abuela, carajo!”.

La mayoría de los taxi–surubí son vagonetas, de cuatro puertas, Ipsum o Noah de la marca Toyota. Los conductores admiten hasta ocho pasajeros en días de poca demanda y cobran 30 bolivianos por el trayecto La Paz–Coroico. Los buses llegan a destino en cuatro horas y los minibuses en tres. Los taxi–surubí lo hacen en dos horas e incluso en hora y media, según Eduardo Calle, del sindicato de buses Trans Totaí.

Dice: “Son unos gramputas suicidas”.

Mi padrino dijo: “¡Soy un gramputa suicida!”.

En algunas fotografías Don Julio estaba vestido con una capa roja de cuello negro. Llevaba una corona de hojalata pintada de dorado. Y agarraba un cetro con la mano izquierda. Tenía la mirada algo afligida, un aura de tristeza o resignación, la mandíbula recia y el cuerpo tenso.

En el reportaje decía: “Yo soy el mayor de dos hermanos. Mi bisabuelo se llamaba José Pinedo. Mi abuelo se llamaba Bonifacio Pinedo. Ambos trabajaron en una hacienda que hoy pertenece a la familia Cariaga, y los dos, en su momento fueron reyes, como yo”. Fotografía susana girón / gea photowords

Paramos en Unduavi.

Dijo: “Dos sajtas y tres cervezas, maestro”.

Mi padrino me contó que a mi padre lo buscaba la policía. El “Que no quede huella II” era un puesto chico de paredes de madera mohosa y con techo de calamina, y tenía a un lado unos carteles descoloridos de Coca–Cola y Pepsi. Había una mesa de madera en la intemperie y unas sillas viejas y algo carcomidas por la humedad.

Los cerros estaban forrados de maleza y helechos y el aire era tibio y llovía suave. De fondo, el ruido de una radio en AM que trasmitía un noticiero en aymara, y el río.

“Se lo merece”, dije y sentía la humedad, en la cara y en los brazos. “Remataron la casa de mi madre”.

Dijo: “Nadie se merece la indiferencia”.

En el control policial de Unduavi había una hilera de diez casas celestes y blancas cerca de un barranco. En la pared delantera de una de ellas estaba escrito con pintura negra: “Padre, perdónalos”. Y en la pared trasera estaba escrito con pintura roja: “Terreno en litigio”.

El hijo de Don Julio se llama Rolando. Es el príncipe heredero y trabaja en La Paz. Es parte del Consejo Nacional Afroboliviano (CONAFRO) que reúne a 50 comunidades afrobolivianas y es reconocido por el gobierno actual.

Don Julio dice: “El rey Bonifacio era mi abuelo. A nuestros antepasados los han traído para trabajar en las minas de Potosí. Después, los trajeron a la zona de Los Yungas, donde fueron vendidos a los dueños de las haciendas. Éramos hombres libres y luego esclavos”.

A mediodía adelantamos una columna de camiones destartalados que transportaban a varios grupos de campesinos que migraban del altiplano. Estaban hacinados como reses en los semirremolques de madera.

La mayoría buscaría trabajo en sembradíos de coca o café.

“Otros trabajan en minas de oro o de estaño en Choro Grande”.

O La Chojlla. O Mapiri. O Tipuani. O más al norte: Mayaya.

Dijo: “En la mina de San Luis me casé por primera vez”.

“¿Cuántas veces te casaste?”.

Dijo: “En San Luis sólo una vez”. El 60 por ciento de la población afroboliviana se encuentra en los Yungas de La Paz.

“¿En otros lugares?”.

Dijo: “Sólo cuenta la primera vez”.

Cruzamos el puente Santa Elena y nos desviamos, a la derecha, hacia la carretera de Mururata. Era un camino angosto de tierra rojiza y compacta, donde apenas cabía un coche mediano y en la radio oíamos una canción de Luis Miguel.

“Te voy a olvidar, palabra de honor. Paloma perdida, ya no puedo más. Te tengo que olvidar y te tengo que olvidar”.

“¿Qué te dijo?”, disminuyó la velocidad cuando ingresamos a un terreno escabroso.

“Volveré”.

“¿Como Terminator?”.

No tenía ganas de hablar.

Dije: “Más o menos”.

“¿Cómo que más o menos, cabrón?”.

Estábamos sudados. Y empolvados. Y teníamos sed.

Dije: “Parecía triste”.

“Tu padre volverá”.

Don Julio I es el cuarto rey afroboliviano de un linaje de esclavos africanos. Trabaja ocho horas diarias, como todo hombre que no tiene poder, en sus sembradíos de coca y café desde hace más de 50 años.

En 1992 fue entronizado por su pueblo y es una autoridad que no puede tomar decisiones políticas. En 2007, el Gobierno Municipal de La Paz volvió a coronarlo. Es el único rey de Sudamérica y tal vez un símbolo.

Pienso: “¿De nuestra historia de Bolivia?”.

Llegamos a la iglesia de Tocaña cerca de la segunda meseta del cerro. El cielo aún estaba nublado, y desde la iglesia se veían las casas de Coroico y La Asunta en los cerros de enfrente.

Mi padrino saludó a su amigo llamado Ruddy Mamani y me presentó como su sobrino reportero.

Mamani llevaba unas botas de cuero y un sombrero vaquero. Era un mulato gordo y recio, de mirada bovina. Le conté que recopilaba datos para un reportaje sobre el rey de los afrobolivianos. Me dijo: “Don Julio vive en Mururata, pero es difícil hacerlo hablar”.

En web oficial de la Casa Real Afroboliviana está escrito: “El origen de la Casa Real Afroboliviana se encuentra en el continente africano”. “Uchicho, de origen kikongo, era hijo de un rey de una tribu del Senegal”. “Fue traído a Bolivia hacia 1820 en uno de los últimos contingentes de esclavos”. “Terminaría trabajando en la Hacienda del Marqués de Pinedo, en la zona de Los Yungas, al norte del Departamento de La Paz”.

1. El kikongo o kongo es una lengua bantú (no es una tribu) que hablan los pobladores de la República Democrática del Congo, República del Congo y Angola. 2. Es probable que Uchicho no fuera del Senegal sino del Congo. 3. Los europeos alentaban guerras internas para cazar a las tribus diezmadas. 4. Quizá el padre de Uchicho murió en una batalla y su tribu fue capturada por un grupo de tratantes holandeses. 5. Los holandeses, que asolaban el África, vendían la mayor parte de los esclavos capturados a los españoles.

Estoy seguro de algo: Uchicho era un sobreviviente.

Lo subieron a un barco negrero, un cirujano examinó sus dientes y sus ojos. Lo marcaron con un hierro al rojo vivo, lo encadenaron del cuello, de los pies y las manos. Lo hacinaron en una litera, junto a otros esclavos.

Lo obligaron a mantenerse recostado hasta llegar a la isla de Goreé, que pertenecía al Senegal.

“Durante más de tres siglos fue un mercado de esclavos para aprovisionar de ellos a Estados Unidos, al Caribe, Brasil y Potosí”, escribe el historiador Juan Antonio Balcells.

De un grupo de 7 mil esclavos llegaban vivos 5 mil. El viaje desde Senegal a Cartagena de Indias duraba alrededor de 50 días. Los esclavos continuaban su viaje con destino a minas y plantaciones.

Desde Cartagena los embarcaban para Buenos Aires, Tucumán y Potosí.

“Van de seis en seis encadenados por argollas en los cuellos, unidos de dos en dos con argollas en los pies. Comen de 24 en 24 horas una escudilla de maíz o mijo crudo y un pequeño jarro de agua”, escribe el cronista de la Colonia, Alonso de Sandoval.

El mijo crudo sirve de comida para canarios.

El tráfico de esclavos duró tres siglos y medio. Hubo 35 mil viajes de barcos negreros oficializados en los registros, además de los que llegaron como contrabando. Entre 13 y 20 millones de esclavos ingresaron a todos los países de América.

Pocos sobrevivieron.

La iglesia de Tocaña era pequeña. En el techo había una cruz oxidada y debajo había unos nidos secos y abandonados. Detrás de la cruz había una torre con una campana pequeña en el centro, rodeada de un barandal de fierro. En la fachada colgaba una hilera de banderolas rojas y empolvadas.

También había un pasacalle donde estaba escrito: “TOCAÑA: CAPITAL DE LA SAYA”.

Tocaña está a 100 kilómetros de la ciudad de La Paz y en la segunda meseta de una montaña verde y húmeda.

Alrededor olía a aceite quemado y chicharrón.

“¿Y si bebemos?”.

“Tú no cambias”, dijo Mamani.

“Estoy más gordo”.

“Ahora soy cristiano”, dijo Mamani.

“Entonces primero bendecimos”.

Ignacio Pinedo de Mustafá, Marqués del Haro, compró a los esclavos negros que resistieron al frío y al mal de altura de Potosí. Los transportó a su hacienda de Mururata, en los Yungas. Los obligó a trabajar en plantaciones de coca y de café.

Los hizo bautizar con nombres cristianos, apostólicos y romanos.

Les dio su apellido.

“Existen distintos registros de transacciones de esclavos en la zona de Nor y Sud Yungas: en 1761 en la localidad de Irupana, en 1773, 1780, 1797 y 1798 en Chulumani, en Coroico en 1789 y en 1795 en la Hacienda Sienegani”, escribe el historiador Juan Angola Maconde.

Entre los esclavos estaba Uchicho. ilustración Santiago M. Luna / DGR-UCB

1. Mi padrino se emborrachó después de la segunda caja de cerveza. 2. Mamani cantó unas alabanzas cristianas. 3. Mi padrino cantó “Ahora te puedes marchar”, de Luis Miguel. 4. La esposa de Mamani llegó y nos echó de su casa. 5. Mi padrino gritó, a quien quisiera escucharlo, que su esposa también era cristiana y la engañó.

Dijo: “Dame las llaves”.

“Tú las tienes”.

Dijo: “No tengo nada, cabrón”.

6. Buscamos las llaves durante una hora, más o menos. 7. Mi padrino pateó el coche en el guardabarros y se encendió la alarma. 8. La esposa de Mamani nos ayudó a buscar las llaves con tal de que nos fuéramos. 9. Mamani quiso abrir la puerta del coche con un alambre que usaba como tendedero de ropa. 10. El alambre se quedó atascado en la puerta. 11. Mamani también pateó el coche y se volvió a encender la alarma. 12. Nos abrazamos y lloramos juntos, de rabia y de impotencia. 13. La esposa de Mamani dijo que podíamos quedarnos a dormir. 14. Mi padrino dijo que primero tenía un deber conmigo y caminamos hacia la carretera.

Es imposible comprobarlo: en la leyenda otros esclavos de la hacienda reconocieron al príncipe Uchicho cuando se bañaba en el río. El torso con tatuajes de ceniza. Los ojos con un fuego perpetuo.

Lo coronaron en secreto en 1832.

A Uchicho lo sucedió su hijo Bonifaz Pinedo.

A Bonifaz Pinedo lo sucedió José Pinedo.

A José Pinedo lo sucedió Bonifacio I.

Murió dos años después de que le otorgaran la libertad. Era 1954.

La primera Asamblea Constituyente de 1825 determinó la abolición de la esclavitud, pero nada cambió en la práctica. Otra aparente abolición de la esclavitud llegó con la reforma constitucional del 26 de octubre de 1851 durante el gobierno de Manuel Isidoro Belzú.

“Artículo 1.– Todo hombre nace libre en Bolivia: todo hombre recupera su libertad al pisar su territorio. La esclavitud no existe ni puede existir en él”.

Desde ese día los afrobolivianos cantan al inicio de sus coplas o sayas:

“Isidoro Belzu, bandera ganó,

Ganó la bandera del altar mayor”.

Los liberados seguían trabajando para sus patrones durante tres días a la semana, bajo la forma del servicio de pongo para los hombres y mitani para las mujeres. “Esta forma de neoesclavismo duró un siglo más y sólo terminó durante el gobierno de Víctor Paz

Estenssoro, a partir de la sanción del Decreto Ley N° 3464 del 2 de agosto de 1953, de Reforma Agraria”, escribe Juan Angola Maconde.

“Bajo el principio de que la tierra es de quien la trabaja personalmente, les fue otorgada la propiedad de una parcela de 2 a 3 hectáreas en promedio, en su carácter de ciudadanos libres”.

Pero la revolución del Movimiento Nacionalista Revolucionario (MNR) fracasó.

“Pasadas las primeras generaciones de la Reforma Agraria surgieron profundos desajustes económicos y sociales. La tierra distribuida en forma de minifundio, que en una primera instancia pudo sostener una familia, al momento de distribuirla a los hijos se volvió un recurso insuficiente”.

Los hombres libres eran otra vez esclavos en una especie de capitalismo decadente.

Don Julio I nació en 1941.

Lloviznaba cuando llegamos a Mururata. Lo hicimos a pie. Estábamos algo borrachos. Estábamos algo perdidos.

“¿Te dijo algo más?”.

“¿Quién?”.

Dijo: “Tu padre”.

Mururata es una población mestiza de casas pobres y sembradíos de coca y café.

“Nada más”.

Dijo: “¿Te puedo decir algo?”.

“No”.

Dijo: “Me pidió que te lo dijera”.

“No jodas”.

“Está enfermo”.

Último Censo del 2012:

En Bolivia hay 16.329 afros (8.785 hombres y 7.544 mujeres).

El 60 por ciento (9.797 personas) habita en el norte de La Paz. El 15 por ciento en Santa Cruz. El 10 por ciento en la ciudad de La Paz y el 7 por ciento en Cochabamba.

Don Julio representa a 16.329 afrobolivianos.

En la nueva Constitución Política del Estado (2009), en el artículo 32 se reconoce al pueblo afroboliviano.

“El pueblo afroboliviano goza, en todo lo que corresponda, de los derechos económicos, sociales, políticos y culturales reconocidos en la Constitución para las naciones y pueblos indígena originario campesinos”.

Pero aún hay mucho por hacer.

Don Julio dijo, en una entrevista con BBC Mundo: “Ser rey es una inmensa responsabilidad porque tengo que trabajar muy duro para mi gente, mi pobre gente, y no tenemos recursos”.

Los afrobolivianos ven limitado su acceso a la educación pública y los servicios básicos.

“Cerca de las comunidades solo encuentran centros de primaria y deben abandonar a sus familias para continuar sus estudios”.

Don Julio I sale todas las madrugadas a trabajar en los sembradíos de coca y a veces gana dinero como albañil. Tiene 74 años y el cabello encanecido. Y los ojos tristes. Y la voz gruesa y áspera.

Guarda su corona y su capa en una caja de galletas. Doña Angélica Larrea, la esposa y reina, atiende un pequeño negocio al menudeo. En la puerta hay un cartel de cartón en el que está escrito a mano alzada: «Se venden helados».

Don Julio dice: “Voy a repetirte lo mismo que digo a otros periodistas”.

Lleva una polera celeste y raída de franjas blancas y horizontales y una gorra azul de camionero. No lleva zapatos y tiene las manos gruesas y callosas y con algunas cicatrices.

“No quisiera eso”.

Dice: “Entonces viniste en vano”.

Se lleva una mano al rostro y se lo frota con desgano y luego se limpia el sudor de la frente con un pañuelo que sacó del bolsillo trasero de su pantalón.

“¿Puedo sentarme un rato?”.

Dice: “Puedes protegerte de la lluvia, es lo poco que puedo ofrecer”.

En una de las paredes de la tienda hay un cartel del V Encuentro Nacional Afroboliviano, donde figura una imagen del rey Don Julio, coronado y con un pequeño cetro de madera. Al frente hay un televisor de diez pulgadas que recibe una señal pobre del canal estatal.

Dice: “¿Quién es el hombre que está en la plaza?”.

“Es mi padrino”.

Dice: “Deberías llamarlo”.

“Discutimos”.

En la otra pared hay un escudo: un sol rojo y grande, un barco negro, la sombra de un rey negro y una llama en relieve.

“¿Puedo hacerle una pregunta?”

Dice: “No estoy obligado a responder”.

“¿Amó a su padre sobre todas las cosas?”.

Enciende un cigarrillo Astoria y aspira el humo, lento y mustio. Luego lo bota poco a poco.

Dice, después de un rato: “Soy huérfano, mi abuelo me crió”.

“¿Pero lo amó?”.

Dice: “Lo único que te queda es amar u odiar en la necesidad. O la indiferencia”.

El padre de Don Julio I reinó apenas unos meses. Murió en un accidente de coche mientras viajaba a la ciudad de La Paz. A Don Julio lo crió su abuelo, Bonifacio Pinedo.

“Yo también soy huérfano”.

Dice: “En Bolivia todos somos huérfanos”.

Los objetivos de Don Julio como monarca son conseguir un centro de salud para el pueblo y más ayuda para la comunidad afroboliviana.

Dice: “Es mejor que regreses a tu tierra”.

“Me quitaron lo único que me pertenecía”.

Me da la espalda y se apoya en el marco de la puerta y mira hacia el horizonte lleno de cerros y de sombras: la noche empieza a tragarse las montañas y tal vez es la única bendición para la tierra y los hombres.

Dice: “La tierra que te pertenece es la tierra de tus muertos”.

Escampó.

El ruido de las cigarras y del bosque aumentaba al anochecer y unos niños descalzos correteaban en círculos en la plaza central que se caía a pedazos mientras unos hombres arreglaban un camión y discutían a gritos. O hablaban a gritos.

Pensé: “Es el verdadero símbolo de nuestra historia”.

“¿Pudiste entrevistarlo?”.

“No importa”.

“¿Pero pudiste hacerlo?”.

“¿Mi padre te dijo algo más?”.

Mi padrino se quedó en silencio y miró al suelo. Luego de un rato me abrazó con fuerza y me dijo que era mejor regresar. Yo dije que sí. Y ninguno sabía lo que iba a pasar, excepto que todos seguiríamos desamparados y haciéndonos cada día más viejos.

La historia del transporte público en la ciudad de La Paz Colectivos

Los colectivos

Se implemento en 1930

Son buses grandes  de transporte masivo que lleva alrededor de 60 pasajeros. Hou aún circulan coches que datan de los años 60 Las llamadas " Líneas tradicionales ", con el tiempo se convirtieron en los primeros sindicatos:
  • Litoral
  • Eduardo Avaroa
  • San Cristobal
  • Villa Victoria

Monumentos de La Paz monumento al SOLDADO DESCONOCIDO

SOLDADO DESCONOCIDO

Obra del escultor Emiliano Lujan, realizada a base de bronce fundido en 1972. Se encuentra ubicado en la plaza del Obelisco, entre las avenidas Mariscal Santa Cruz y Eliodoro Camacho de la zona Centro.

En 1934 familiares y excombatientes de la Guerra del Chaco solicitaron a la Municipalidad, dispusiera un espacio público para honrar y preservar la memoria de los caídos en la Guerra del Chaco. Mediante Ordenanza Municipal del 18 de octubre del mismo año, la Alcaldía dispuso: “…el parque situado en la avenida Camacho, denominado parque Gral. Juan José Pérez, se rendirá público homenaje a los héroes del Chaco”. En 1973 el general Armando Escobar Uría, Alcalde Municipal, impulsó la ejecución del monumento en memoria de aquellos 60.000 soldados bolivianos muertos en aquella contienda (1932 y 1935), contando con el antecedente que el escultor Emiliano Luján plasmó en la ciudad de Villamontes, en 1942, un monumento a base de cemento, llamado Soldado Desconocido, cuyo diseño ganó un concurso en Tarija en 1936.

Luján reprodujo en bronce el Soldado Desconocido de Villamontes en la plaza del Obelisco de La Paz. Debajo del pedestal se enterraron los restos mortales de algunos soldados no identificados, caídos en la Guerra del Chaco. A la inauguración asistieron connotadas figuras nacionales, entre ellos los ex presidentes David Toro y Hugo Ballivián; así como los héroes de guerra, generales Bernardino Bilbao y Manuel Marzana. Al poco tiempo, el monumento causó algunos comentarios en contra, ya que algunos personajes influyentes no asimilaron ni comprendieron su representación, creyendo que el mismo representaba a un soldado derrotado o vencido. En 1979 la alcaldía reubicó el monumento en el Cementerio General y en su reemplazo situó otro erigido en honor a los Colorados de Bolivia. En 1980 el general Luís García Meza se hizo del mando de la nación, y refiriéndose al Soldado Desconocido, dijo: “A éste yo lo voy a poner de pie”, e instruyó su fundición y, con el mismo material, pensó crear otro erguido (carta al alcalde Ricardo Sánchez); pero el dictador fue depuesto y con él su aciaga idea.

En 2007 la Asociación Boliviana de Artistas Plásticos solicitó al Gobierno Municipal la reposición del Soldado Desconocido a su lugar de origen. La Oficialía Mayor de Culturas intervino en la refacción del monumento, al igual que en la restitución del fusil (robado cuando se encontraba en el Cementerio General), trabajos en los que intervino el escultor Ramiro Luján, hijo del autor de la obra. El monumento fue repuesto en su ubicación original en abril de 2007, como parte de las obras de modernización de la avenida Camacho, en el marco del Programa de Rehabilitación Urbana implementado por el entonces Alcalde Municipal, Dr. Juan Del Granado Cosio. Su creador, Emiliano Luján, fue combatiente en la Guerra del Chaco y entre sus funciones estuvo la de dibujar “identiquits” de soldados caídos en combate, cuyos restos fueron abandonados por las difíciles distancias que debían atravesar los soldados entre los puestos de avanzada y las bases de retaguardia. Una serie de recuerdos influyeron en su persona para realizar el homenaje a nuestros miles de héroes anónimos. Respecto a su creación, dijo: “Se escuchan diferentes comentarios, según el cristal con el que se los mira. El contenido espiritual de la obra, que vive para resaltar el civismo nacional al rendir homenaje al héroe que como culminación de su patriotismo, muere al pie de su bandera, defendiendo su tierra”.

Destinos turisticos Mercado de Amautas y Yatiris Huarco Apaceta

Mercado de Amautas y Yatiris Huarco Apaceta

El Mercado de Huarco Apacheta, se encuentra ubicado a 9 kilómetros de la Ceja de El Alto. En él se pueden encontrar a los Amautas y Yatiris, personajes que poseen gran cantidad de conocimientos heredados de sus antepasados, tienen entre sus tradiciones el rendir culto a la Madre Tierra, al sol, la luna y las estrellas.

Su misión principal es alejar a los “malos espíritus”, atraer la buena suerte en los negocios, salud y otros aspectos de la vida terrenal. Practican rituales mágico - religiosos con los que ayudan a las personas que acuden a ellos. Sus trabajos incluyen “limpias” que “quitan” la mala suerte de las personas y realizan otras prácticas y rituales.

Estos últimos se realizan generalmente en una apacheta (montículo de piedras con elementos como cruces e imágenes), estos lugares son considerados sagrados ya que en ellos se colocan ofrendas a la Pachamama o Madre Tierra; los rituales incluyen el consumo de alcohol, coca y cigarrillos.

Las apachetas sirven para rendir culto a los Apus o Achachilas, que son deidades espirituales que se encuentran en la región y tienen la forma de montañas. En este sitio se realizan ofrendas y “ch’allas” (ofrendas) al Achachila conocido como San Cipriano, al “ Tata Inti ”, “ Purawak’a”, “ Willke Tate ” y “ Chunchulaya”, este último es conocido por ser utilizado para realizar misas “ negras”, que “hacen daño” a terceras personas.


Los yatiris pueden ser fácilmente identificados por sus sombreros negros y bolsas de coco que contienen amuletos, talismanes y polvos que aseguran suerte, belleza y fertilidad.

Los Yatiris son los brujos andinos

Se conoce con el título de amautas (del quechua: hamawt'a; 'maestro', 'sabio')1​ a aquellas personas que se dedicaban a la educación formal de los hijos de los nobles y del Inca.

Recomendaciones


Llevar ropa liviana para el día y abrigada para la noche, zapatos cómodos, lentes, gorra para sol y abrigo impermeable para época de lluvia; botiquín de primeros auxilios, protector solar y medicinas.

Departamento

La Paz

Región

Metropolitana

Provincia

Murillo

Municipio

Achocalla

Categoria

3.4.1. Ferias Y Mercados

Jerarquia

Jerarquia Ii

Coordenadas

Latitud: -16.582816 Longitud: -68.176239

Temperatura

8 °C - 12 °C

Altitud

4123 M.s.n.m


Para saber sobre los amautas mas puede consultar

https://es.wikipedia.org/wiki/Amauta

Para saber mas sobre las apachetas puede consultar

https://es.wikipedia.org/wiki/Apacheta

Fuente: http://milapaz.travel/atractivo_turistico/index/mercado_de_amautas_y_yatiris_huarco_apaceta/401

Tour exprés para redescubrir la ciudad de La Paz en 3 horas

Nota de prensa que salio publicada en el periodico Página Siete el día domingo 7 de octubre de 2018 en la sección miradas en la página 26

En tres horas uno puede ir a la Luna, aterrizar en la capital más alta del mundo y viajar en el tiempo para acercarse al ajayu paceño.

Leny Chuquimia / La Paz

Viajar a la Luna, aterrizar en la capital política más alta del mundo y cruzar la barrera del tiempo –todo en una sola mañana– es posible. La Paz espera con los brazos abiertos a todo aquel que se atreva a emprender la aventura.

La calle Jaén conserva intacto su espíritu colonial. “Es un tour en el que vamos a conocer una La Paz que muchas veces se oculta a nuestros ojos. Para quienes vivimos acá será un viaje para redescubrir nuestra ciudad”, señala Cinthia Castro, guía de turismo con 13 años de experiencia.

En la Calle de las brujas, la guía Cinthia muestra amuletos.

Primera parada: la Luna

A unos 40 minutos de viaje hacia el sur, se levanta un desierto de estalagmitas. Cárcavas de arcilla sólida y picos amarillentos crean angostos senderos en los que el viento y la lluvia aún tallan obeliscos. Es el Valle de la Luna.

Tiene una extensión de más de 40 hectáreas y es uno de los principales atractivos del municipio. Dicen que el sitio debe su nombre a Neil Armstrong –el primer hombre que pisó la luna– quien visitó la ciudad en los años 70 y quedó maravillado al ver un paisaje similar al que vio en el espacio.

“Lo que muchos no saben es que hace miles de años, al final de la era terciaria, este lugar era un glaciar y que un cataclismo lo cambió”, explica Castro.

Con la tradicional pollera de la chola paceña, guía a un grupo en medio de ese paisaje lunar. Señala cactus y madrigueras de vizcachas que habitan el sitio. “Lastimosamente la mancha urbana se está acercando mucho y pone en riesgo al valioso atractivo”, afirma.

Segunda parada, a 3.600 metros

Enormes edificios se levantan en medio del ajetreo en el que vive el centro político del país. A más de 3.600 metros sobre el nivel del mar, La Paz no deja de crecer.

Para apreciarla en 360 grados, no hay mejor lugar que el mirador de Killi Killi, una montaña que los abuelos consideraban sagrada. Desde este mismo punto, en 1781, el líder Tupác Katari dirigía el movimiento indígena que en pos de libertad cercó durante meses a la colonial Nuestra Señora de La Paz.

Ahora se ven los edificios rodeando zonas patrimoniales que se niegan a desaparecer. Se ve el Illimani, la cordillera y también –fuera de tono con su entorno– el nuevo Palacio de Gobierno.

El mirador Killi Killi regala hermosas panorámicas de la urbe.

Tercera parada: el pasado


“La Jaén es una de las pocas calles coloniales que no han desaparecido. Dicen algunos que son espíritus y seres que no pertenecen a este mundo los que se encargan de que permanezca, como un portal al pasado”, relata Castro. Angosto y flanqueado por balcones altos, este pasaje resguarda vivas las leyendas de otras épocas.

Pero la experiencia de viajar en el tiempo no está completa si uno no visita la denominada “Calle de las brujas”, en la Sagárnaga. Este bazar de amuletos, remedios naturales y mesas ancestrales es parte del ajayu paceño.

El tour exprés está disponible en todas agencias de turismo de La Paz. Para consultar operadoras acreditadas o guías especializados se puede visitar la página web: www.milapaz.travel

También es posible contratar un visita por la ciudad de La Paz a través de este enlace con un guia que habla ingles

https://bit.ly/2Gyniwc


Tres crímenes perfectos en La Paz

Nota de prensa que salio publicado en el periodico Página Siete  el día domingo 15 de Marzo de 2020 en la revista Rasca Cielos en las páginas 16 al 25

Entre 1969 y 1970, tres hechos de sangre conmovieron a la opinión pública: los asesinatos del líder campesino Jorge Soliz Román, del periodista Jorge Otero Calderón y de los esposos Alfredo y Martha Alexander, propietarios de los diarios Hoy y Última Hora de La Paz. ¿Hay crimen perfecto?

Juan Carlos Salazar del Barrio

Parecía otra de las tantas fanfarronadas con las que solía matizar sus conferencias de prensa cuando hacía alarde de su popularidad o de su proverbial valentía. “Muchos de ustedes no me quieren, me hacen la guerra, pero el pueblo sí me quiere. Acuérdense, cuando yo muera, moriré arropado por los ponchos de los campesinos”. René Barrientos Ortuño hablaba con un grupo de periodistas en el mercado de Cliza el domingo 20 de abril de 1969. ¿Presentimiento o presagio? Como todo mal augurio, llegó tarde. Recién mostró su rostro en el momento de la tragedia, el domingo 27, cuando el helicóptero del “General del Pueblo”, el “Holofernes”, se precipitó a tierra tras despegar en el pueblo de Arque. Las primeras fotos mostraron su cuerpo carbonizado, envuelto en un poncho indígena.

Barrientos Ortuño, quien asumió el poder el 4 de noviembre de 1964 mediante un cruento golpe militar, realizaba ese día una de sus habituales giras de fin de semana para departir con la gente del campo, su base política y social. Tras pronunciar un discurso en quechua, beber chicha de maíz y repartir dinero entre los asistentes, como era su costumbre, abordó el helicóptero para dirigirse a otro pueblo del valle cochabambino. En medio de la polvareda, los campesinos vieron como el piloto realizaba una extraña maniobra para eludir un cable telegráfico tendido entre dos montículos aledaños al poblado. Las aspas se enredaron en el tenso alambre y la máquina cayó en picada, incendiándose de inmediato, en medio de los alaridos de la gente.

Debido a la alta temperatura provocada por las llamas, las metralletas de los edecanes se dispararon. Las balas dejaron varios orificios en el fuselaje de la nave, dando pábulo a la versión de un supuesto atentado. Las malas lenguas lo atribuyeron a un complot para eliminarlo del escenario político. Se dijo que Barrientos Ortuño tenía la intención de proclamarse “dictador” el 1 de mayo siguiente para hacer frente al “peligro comunista”, pese a que dos años antes él mismo había derrotado a la guerrilla del Che Guevara en las selvas de Ñancahuazú y había impuesto el “orden” a sangre y fuego en las minas nacionalizadas. ilustración Leyla Manjón / DGR-UCB

Los generales René Barrientos y Alfredo Ovando
Lo cierto es que la tragedia de Arque cambió el destino de Bolivia. A la muerte del mandatario, asumió su vicepresidente, el líder de la naciente socialdemocracia boliviana, Luis Adolfo Siles Salinas –hijo y medio hermano de otros dos presidentes, Hernando y Hernán, respectivamente–, quien fue derrocado cinco meses después, el 26 de septiembre, por el general Alfredo Ovando Candia. Coincidencias de la historia, el golpe de Ovando vino acompañado de otra catástrofe aérea, en la que perdieron la vida 16 jugadores del primer equipo de The Strongest y varios políticos barrientistas.


El avión DC–6 del Lloyd Aéreo Boliviano (LAB), con 74 personas a bordo, se precipitó a tierra en una zona montañosa cercana al centro minero de Viloco. El aparato fue encontrado al día siguiente completamente destrozado, con señales de haber explosionado e incendiado, lo que dio lugar, de nueva cuenta, a un sinnúmero de versiones sobre un supuesto atentado. Como ocurrió con el accidente de Arque, las miradas se volcaron hacia Ovando Candia, a quien se veía como enemigo de Barrientos, aunque las investigaciones determinaron las fallas humanas como causa de ambos accidentes.

Versiones posteriores atribuyeron la ejecución de los supuestos atentados al jefe de seguridad de Ovando Candia, Luis Arce Gómez, por entonces un joven oficial con rango de mayor, experto en explosivos, acusaciones que él siempre negó.

Arce Gómez fue mencionado también entre los supuestos involucrados en tres hechos de sangre que sacudieron a la gestión presidencial de Ovando Candia (1969/70) y que conmovieron a la opinión pública de la época: los asesinatos del líder campesino barrientista Jorge Soliz Román, del periodista Jorge Otero Calderón y de los propietarios de los diarios Hoy y Última Hora de La Paz, los esposos Alfredo y Martha Alexander, ocurridos en un lapso de 14 semanas, pero el oficial rechazó en varias ocasiones haber participado en esos atentados.

¿Quiénes fueron los responsables de esos crímenes? ¿Cuáles fueron los móviles? ¿Fue obra de la Agencia Central de Inteligencia (CIA) para desestabilizar al “gobierno revolucionario” de Ovando Candia, como señalaba la izquierda? O, por el contrario, ¿fue la guerrilla, como acusaba la derecha? Si no eran ni unos ni otros, ¿qué intereses movieron las manos de los asesinos?

En una extensa entrevista concedida al abogado e historiador Tomás Molina Céspedes para su libro Con el testamento bajo el brazo, Luis Arce Gómez no sólo negó haber sido el brazo ejecutor de tales hechos, como se ha especulado en los últimos años, sino que Ovando Candia los hubiese promovido como autor intelectual. “Mentira, yo no tengo nada que ver con esas muertes”, afirmó. En relación a su jefe, señaló: “Ovando en su vida dio una orden de esas (…) Ovando era un pusilánime. Se le hablaba de hacer matar a alguien y se cagaba en sus pantalones”.

El escritor griego Petros Márkaris, un clásico del género negro, dijo alguna vez que “no hay crimen perfecto, ni siquiera en una novela policiaca”, en tanto que su colega sudafricano J.R.R. Tolkien afirmó que “tarde o temprano, el crimen siempre sale a luz”. No parece haber sido el caso de los asesinatos de Soliz Román, Otero Calderón y los esposos Alexander, que, medio siglo después, continúan impunes.

Según Arthur Seldom, el protagonista de Los crímenes de Oxford, la novela del argentino Guillermo Martínez, “el crimen perfecto no es aquel que no se resuelve, sino el que se resuelve con un falso culpable”. Es lo que aparentemente pretendieron las autoridades de la época para encubrir a los verdaderos responsables. Los generales René Barrientos y Alfredo Ovando durante aquella particular Copresidencia de la República, en 1965.

Los tiempos de la ira

A nadie le llamó la atención la marcha militar que interrumpió la programación oficial de la radio estatal Illimani en la mañana del 26 de septiembre de 1969, que anunciaba un nuevo golpe de Estado, no sólo porque las asonadas eran el pan de cada día, sino porque nadie daba un peso por la estabilidad del gobierno de Siles Salinas. Lo novedoso del cuartelazo no fue tanto el “Mandato Revolucionario de las Fuerzas Armadas” que lo sustentaba –todos los golpistas de la época se decían “revolucionarios”–, como la presencia de Marcelo Quiroga Santa Cruz, Alberto Bailey Gutiérrez, José Luis Roca, José Ortiz Mercado, Mariano Baptista Gumucio y otros intelectuales de izquierda en el gabinete ministerial. ¿Qué se traía Ovando?

En todo caso, Bolivia vivía otro momento de convulsión política y estaba en estado de “máxima alerta”, como señalaban las proclamas difundidas por Radio Illimani. El país había vivido en el último quinquenio una serie de acontecimiento que marcaron el devenir histórico de la República, desde el derrocamiento de Víctor Paz Estensoro por Barrientos Ortuño, el 4 de noviembre de 1964, hasta la caída de Siles Salinas, pasando por las masacres mineras y la guerrilla del Che Guevara, en 1967.

Pero la sorpresa del golpe duró hasta las primeras horas de la tarde cuando las radios interrumpieron sus audiciones para informar que la torre de control del aeropuerto del Trompillo había perdido contacto con la aeronave Douglas DC–6B del Lloyd Aéreo Boliviano (LAB) que realizaba el vuelo entre Santa Cruz y La Paz. Al día siguiente se supo que el avión se había estrellado en una zona montañosa cercana al centro minero de Viloco. Pero no era todo. Entre las 74 víctimas de la tragedia se encontraban 16 jugadores del equipo The Strongest que retornaba a La Paz tras participar en un torneo internacional. El pesar nacional no podía ser mayor.

Más de 3.000 personas, en su mayoría mineros, participaron en el rescate de los restos de las víctimas. Como el lugar era de difícil acceso, los cuerpos debieron ser trasladados a lomo de bestia, ya que ningún vehículo podía llegar a la zona del desastre, llamada La Cancha.

No había terminado el duelo cuando el gobierno de Ovando Candia empezó a ejecutar sus primeras medidas. El 17 de octubre derogó el Código del Petróleo y nacionalizó los bienes de la Gulf Oil Company, una de las banderas de la izquierda de la época, en lo que señalaba como el punto de partida de una nueva revolución. Asimismo, estableció relaciones con la Unión Soviética y otros países socialistas, con los que suscribió importantes acuerdos comerciales.

Marcelo Quiroga Santa Cruz (der.), el hombre que nacionalizó el petróleo.

Marcelo Quiroga Santa Cruz  ( der ), nacionalizo el petroleo
Ovando Candia declaró en noviembre de ese mismo año que su régimen coincidía “en muchos puntos” con los propugnados por la guerrilla, a la que había combatido, ya que sus objetivos eran “la defensa de las riquezas naturales, la lucha contra el imperialismo y la necesidad de cambiar las estructuras”, y que el “nacionalismo revolucionario de izquierda”, propugnado por el movimiento militar del 26 de septiembre, estaba “ más cerca del socialismo que del capitalismo”, aunque –matizaba– no se alineaba a “doctrinas extranjeras”, sino que se adaptaba a la realidad del país.

Agregó que el Che –ejecutado por orden del Alto Mando, integrado por Ovando Candia– era “un hombre interesante”, pero que disentía de “la forma y los medios del cambio revolucionario” que impulsó en Bolivia durante la frustrada guerrilla de Ñancahuazú.

Marcelo Quiroga Santa Cruz, el hombre que nacionalizó el petróleo y uno de los ideólogos del régimen, fue más allá en la definición del proceso político que vivía Bolivia: “No hay sino dos vías posibles para el desarrollo: una de ellas es la capitalista y otra la socialista: La que el gobierno ha adoptado, la de la revolución nacional o del capitalismo de Estado, es un estadio dentro de la vía socialista”, declaró, aunque también matizó: “No significa que Bolivia esté caminando hacia un sistema comunista”.

Eran tiempos de cambio, no sólo en Bolivia, con gobiernos de izquierda en varios países del continente, como el de Juan Velasco Alvarado, en Perú, Omar Torrijos, en Panamá, y Salvador Allende, en Chile. En vísperas de su gira por la región, el multimillonario Nelson Rockefeller había advertido que “podría sobrevenir una revolución en Latinoamérica”. El temor al contagio cubano era latente.

Un informe confidencial de Pat. M. Halt, asesor de asuntos latinoamericanos del Comité de Relaciones Exteriores del Senado de Estados Unidos, quien visitó Bolivia en la segunda semana de diciembre de 1969, había advertido en Washington de que “hay una clara tendencia en Bolivia hacia un gobierno de extrema izquierda, nacionalista y quizá comunista”.

La noticia del asesinato del periodista Jaime Otero Calderón.

Era la Bolivia de fines de los 60 y principios de los 70.

En ese contexto se produjeron los asesinatos de Soliz Román, Otero Calderón y los esposos Alexander. El líder campesino fue ametrallado en una emboscada tendida por desconocidos en la carretera Cochabamba – Santa Cruz, el 29 de noviembre de de 1969, en tanto que el periodista apareció estrangulado en su imprenta el 16 de febrero de 1970.

El hombre de negro

Un mes más tarde, el 14 de marzo, un hombre vestido de negro, con gorra de chofer, gafas oscuras y un paquete bajo el brazo, tocó el timbre de la residencia de los Alexander, en el barrio de Sopocachi. “¿Está el señor Alexander?”, preguntó. El mayordomo respondió con un “sí”. Faltaban 40 minutos para la ocho de la mañana, la ciudad se ponía en movimiento. “Me han mandado con este regalo de la embajada de Israel. Tenga cuidado. Entréguelo personalmente”, agregó el mensajero. El mozo subió al dormitorio, en el segundo piso, donde el periodista Alfredo Alexander Jordán y su esposa, Martha Dupleich, permanecían recostados hojeando el diario Hoy, propiedad de la familia. El empleado no había terminado de bajar la escalera cuando una violenta explosión cimbró la casa.

La noticia del asesinato del periodista Jaime Otero Calderón
El hijo de la pareja, Luis, subió a trancos a la estancia conyugal y se encontró con un cuadro macabro. Los cuerpos de sus progenitores yacían juntos, parcialmente mutilados, entre los escombros del cielo raso y las paredes y los restos del mobiliario, todo salpicado de sangre. Sólo dos cuadros, una figura del Corazón de Jesús y un retrato de uno de sus seis hijos, estaban intactos. A la casa de la pareja Alexander llegó un paquete bomba.

“Yo era muy amigo de su hijo Luis”, recordaría años después el pintor Alfredo La Placa, testigo involuntario del suceso. “Una mañana tenía que verme con él. Iba caminando como siempre, a paso largo, como un ciervo. Estaba llegando y sentí una explosión que venía de la casa de Alexander. Vi salir los cuerpos de sus padres y colgar de las ramas”, rememoró en una entrevista concedida a Página Siete. “Les llegó un sobre que contenía una bomba. Fue terrible”, acotó.

A la casa de la pareja Alexander llego un paquete bomba
El presidente Ovando Candia se hizo presente en el lugar de los hechos, acompañado de su jefe de Seguridad, el coronel Arce Gómez. El escenario ya había sido copado por policías y agentes de la seguridad del Estado, encabezados –¿cuándo no?– por el coronel Roberto Quintanilla. Ovando Candia lamentó el hecho. “Jamás antes se había recurrido al crimen cobarde con la elección de víctimas inocentes”, declaró. Para variar, Ayoroa Ayoroa repitió: “He dispuesto que se investigue el caso con la máxima eficiencia hasta su total esclarecimiento”.

Con celeridad asombrosa, 12 horas después del atentado, los ministros Juan Ayoroa Ayoroa y Alberto Bailey Gutiérrez anunciaron en conferencia de prensa que los organismos de seguridad habían identificado al “hombre del paquete”: Rafael Alanoca Mamani – boliviano, 28 años, tez morena, 1,56 metros de altura y de complexión mediana– cuya detención se anunciaba para las próximas horas. La seguridad del Estado lo tenía fichado como militante del Ejército de Liberación Nacional (ELN), pero el grupo guerrillero negó al día siguiente cualquier vinculación con el hecho.

En un editorial dedicado al tema, el diario católico Presencia, uno de los más influyentes de la época, afirmó que el atentado era “un eslabón criminal más dentro de una cadena”, en alusión a los asesinatos de Soliz Román y Otero Calderón; señaló los “caracteres comunes” de esos delitos, “nuevos entre nosotros”, como “la aparición de técnicas antes desconocidas”, la “impunidad con que han concluido otros casos similares” y la “preparación cuidadosa con un buen conocimiento en la técnica de utilización de armas y explosivos”.

El periodista Andrés Soliz Rada, a la sazón jefe de Redacción de Hoy, puso el dedo en la llaga en un duro artículo publicado tres días después: “Con mucha soltura se ha venido hablando de la ‘eficiencia’ del coronel Roberto Quintanilla. ¿Dónde está esa eficiencia?, preguntamos nosotros. ¿Cuál ha sido el resultado de las investigaciones en los asesinatos del dirigente campesinos Jorge Soliz, del político Jaime Otero Calderón y ahora del periodista Alfredo Alexander? (…) En cambio esa eficiencia sale a relucir con precisión de computadora electrónica apenas los militantes del ELN realizan el menor movimiento”. ilustración Ana Medinaceli / DGR-UCB

En la misma línea, lamentó que los servicios de seguridad del Ministerio de Gobierno hubiesen “utilizado a dos ministros de Estado para que calumnien a una persona por un crimen que, según todas las apariencias, no lo cometió”. ¿Se pretendió desviar las investigaciones? Era la sospecha generalizada.

En un discurso posterior, Ovando Candia culpó del atentado a “la izquierda cipaya, los insinceros juristas de un izquierdismo diletante, cegados por la frustración y resueltos a destruir la única revolución viable en razón de nuestras circunstancias geopolíticas”; y a la derecha , “la suma de los grupos oligárquicos nativos y de aquellos sectores puestos al servicio del imperialismo, atemorizados por la idea de que pudiera limitarse la condición de privilegio de que siempre gozaron y sin poder resignarse a la pérdida del poder político”.

Pero los culpables no aparecían. Ya no se hablaba del ELN ni de Rafael Alanoca Mamani. El diario Hoy expresaba su indignación con una pregunta que repetía cada día en su primera plana, sin obtener respuesta: “¿Dónde están los asesinos? Nadie dice nada. Nadie sabe nada del crimen que más conmocionó al país”.

Años después comenzaron a circular las versiones que vinculaban el hecho con el supuesto contrabando de armas. No sólo el de los Alexander, sino también el de Otero Calderón.

Citando diversas fuentes, en su documentada biografía de Klaus Barbie (Klaus Barbie, Un novio de la muerte), Peter McFarren y Fadrique Iglesias sostienen que la operación del “desvío de armamento comprado por el gobierno de Bolivia” se concretó durante el gobierno de Barrientos Ortuño, para ser enviado a Israel, cuando el estado israelí estaba sometido a restricciones internacionales a causa de la Guerra de los Seis Días (1967) con una coalición árabe. La información habría llegado a las manos de Alexander Jordán, quien se desempeñaba como embajador de Bolivia en Madrid.

El periodista español Eduardo Gil de Muro, autor de Alfredo Alexander Jordán: biografía heroica de un periodista boliviano, citado por McFarren e Iglesias, considera la hipótesis como una “certera posibilidad”. Según escribió, “tanto Barrientos como Ovando Candia temieron que Alexander tuviera más conocimiento de aquel embalaje que hubo con las armas de Israel y entonces se procedió a la ejecución de Alexander y de otra desaparición más. Es una plausible explicación”.

Las versiones no sólo apuntan a Arce Gómez como supuesto implicado, sino también a Klaus Barbie, el exoficial nazi de las SS y la Gestapo muerto en prisión en Lyon, Francia, en 1991, tras ser expulsado de Bolivia. Se dice que Barbie utilizó la Transmarítima Boliviana, una empresa pública creada por el Estado boliviano para llevar la bandera nacional en el marco de la reivindicación marítima. Barbie era el gerente. Sin embargo, como sostienen McFarren e Iglesias, “la feliz idea del emprendedor Altmann (nombre que utilizaba Barbie en Bolivia) tenía un poderoso trasfondo encubierto, mucho más apetecible: el tráfico clandestino de armamento y de mercadería a través de los mares”.

Álvaro de Castro, quien fungía como representante de Barbie en Bolivia, aseguró a McFarren e Iglesias que hay una “relación directa” entre el atentado y el gobierno de Alfredo Ovando Candia y responsabilizó del hecho a Arce Gómez, aunque matizó: “Yo he escuchado que él llevó el regalo. Curiosamente fue Arce Gómez a España becado luego. No estoy seguro, he escuchado”.

En la extensa entrevista que le concedió al abogado e historiador Tomás Molina Céspedes para su libro, el ministro del Interior de la dictadura de García Meza, quien cumple condena en el penal de alta seguridad de Chonchocoro, negó cualquier vinculación con el supuesto tráfico de armas y, por supuesto, con el crimen. “Yo no sé nada de ese tráfico, en lo único que intervine fue en el tráfico de armas para (el líder libio Muamar) Gadafi “, respondió a la pregunta que le formula su interlocutor. Y reveló que por esa operación Ovando Candia le pagó una comisión de 500.000 dólares.

Según Arce Gómez, él recogió las armas –un lote de pistolas USI– en Israel e hizo el trasiego en alta mar a un buque belga, que lo llevó a Libia, por entonces gobernada por Gadafi, en noviembre de 1969. Alexander –dijo en otra parte de la entrevista– “estuvo relacionado con otro negocio de armas para Israel. A los Alexander los mataron los árabes al enterarse de estos negocios que había hecho con Israel”.

En la misma entrevista, negó haber participado en los otros asesinatos. “Cuando la muerte de Jorge Soliz yo estaba en Israel con el tema de las armas para Gadafi”, relató. “Lo malo es que todas esas muertes me las achacan a mí”, lamentó.

Las investigaciones del caso, así como de los asesinatos de Jorge Soliz Román y Jaime Otero Calderón, estuvieron a cargo de Roberto Toto Quintanilla, jefe de Inteligencia del ministerio de Gobierno, pero el investigador fue asesinado el 1 de abril de 1971 en Hamburgo por Monika Ertl, militante del Ejército de Liberación Nacional (ELN) e hija de Hans Ertl, camarógrafo alemán de Leni Riefenstahl, la cineasta nazi de Adolfo Hitler.

Quintanilla, quien intentó culpar a la guerrilla de los crímenes, se llevó a la tumba esos y otros secretos de la sangrienta represión política de los años 60 y 70 del siglo pasado.

Epílogo macabro

En su autobiografía Así viví (Grupo Enfoques, 2017), Cucho Vargas, codirector del diario Hoy cuando se produjo el doble homicidio, revela la “operación macabra” que cerró el capítulo del atentado.

Según el periodista, el hijo del matrimonio, Luis Alexander Dupleich, “se encargó de juntar los restos de sus padres en dos bolsones”. Como no habían hornos crematorios en La Paz, le preguntó: “¿Qué hacemos?”. Cucho le sugirió quemarlos. “Podría ser en mi casa que tiene un espacio muy grande al fondo. Es una forma de guardarlos en cenizas”, le dijo.

Y se pusieron manos a la obra. Trasladaron los restos en las dos bolsas, mientras “el velatorio se llevaba adelante en dos ataúdes vacíos”. Luis trajo un turril grande de su casa. “Él, sólo él, se encargó de introducir los restos en el barril”. Lo llenaron de gasolina y le prendieron fuego. “Se veía la llama que emergía del barril y el humo que se elevaba más y más”, relató.

La “macabra cremación” duró cuatro días. “El entierro, entretanto, contó con una muchedumbre con dos ataúdes que portaban sólo piedras. Esa gente estaba compungida y muchos de los dolientes pedían a gritos: ¡Justicia… Justicia!”.

La justicia nunca llegó, ni para los Alexander ni para Otero Calderón ni para Soliz Román. La incineraron los poderes ocultos que buscaban encubrir secretos inconfesables o delitos mayores. Miguel de Cervantes dijo alguna vez que “los delitos llevan a las espaldas el castigo”. No fue el caso de los “crímenes perfectos” de los viejos tiempos de la ira.

* Este texto fue publicado en su versión completa en el libro Prontuario. Editorial 3600, La Paz, 2018.

Monumentos de La paz Monumento a RAÚL SHAW BOUTIER o Raúl Shaw Moreno

Obra del escultor Verástegui P., realizada en piedra granito en 2003. Está ubicada en la plazoleta homónima, entre la calle Juan de la Riva de la zona de Santa Bárbara.

 El busto de alto relieve que rinde homenaje a Raúl Shaw (1923-2003), destacado músico y compositor, fue erigido por el Gobierno Municipal en el año de su sensible fallecimiento, como parte de los homenajes póstumos que se hicieron en su memoria, de los cuales sobresalen dos ordenanzas municipales Nº 080/03 y Nº 228/03. Con la primera, se le confirió la condecoración Prócer Pedro Domingo Murillo, con el grado de honor cívico y; con la segunda, se nominó como plazoleta Raúl Shaw Boutier el espacio público donde se encuentra el busto. En 2008 se implementó un mural con la imagen del trío Los Panchos, como parte de la Época de Oro, en la plaza; pero, a un año de su permanencia, fue afectado con grafitis. Actualmente se puede verificar que la escultura se encuentra en un lugar que no le brinda seguridad.

Fue mas conocido como Raul Shaw Moreno fue  integrante del Trio Los Panchos famosos por los años 50.

Para saber mas puede acceder

https://es.wikipedia.org/wiki/Ra%C3%BAl_Shaw_Moreno

https://es.wikipedia.org/wiki/Ra%C3%BAl_Shaw_Moreno

Destinos turisticos Complejo Arqueologico Kantatallita

Complejo Arqueologico Kantatallita

Complejo Arqueológico Kantatallita, se ubica a 100 metros de la Pirámide de Akapana, las acepciones más admitidas para su nombre son “Descubierto al Amanecer” y “Luz del Amanecer”. Su estructura forma parte del gran Complejo Arqueológico Monumental de Tiwanaku. Cuenta con una planta rectangular de aproximadamente 29 metros de norte a sur y 35 metros de este a oeste; todo su perímetro se compone por sillas rectangulares.

La pieza lítica que más se destaca es la “piedra maqueta” que sería la representación de un templo aún no descubierto; tallado en un bloque cuadrangular de arenisca de 20.000 kilogramos de peso y en su cara superior muestra una serie de rebajes esculpidos a manera de pequeñas escalerillas y patios diminutos. Presenta en su orientación hacia el este dos pequeñas escalinatas de tres tramos, descendiendo por la parte central a un patio grande, mientras al frente en dirección oeste están otras tres escalinatas de tres peldaños subiendo a la plataforma superior donde se observan seis perforaciones cuadrangulares en hileras de tres que parecían indicar estelas líticas u otro tipo de monumentos clásicos de la cultura Tiwanaku. Otra pieza relevante es un dintel de arco rebajado que posiblemente haya adornado el ingreso al recinto.

Esta pieza fue realizada en material de andesita gris con un depurado trabajo icono-gráfico. Probablemente esta pieza habría estado cubierta por planchas metálicas de oro sujetadas por clavos metálicos. Finalmente en el área se observan bloques de piedra andesita, finamente labrados que muestran figuras cruciformes en forma de rombo y en bajo relieve.

Recomendaciones

Llevar ropa abrigada, zapatos cómodos para caminar, guantes, gafas de sol, gorra y o un sombrero, abrigo impermeable para época de lluvia, botiquín de primeros auxilios, protector solar y medicina para el mal de altura.

INFORMACION ADICIONAL

Visitar la Pagina www.tiwanaku.gob.bo

¿Como llegar ?

Partida   Llegada   Distancia(aprox)

La Paz     Tihuanaco    75.7 km.

Departamento

La Paz

Región

Altiplano Sur

Provincia

Ingavi

Municipio

Tiahuanaco

Categoria

2.1. Legado Arqueológico

Jerarquia

Jerarquia Iv

Coordenadas

Latitud: -16.555602 Longitud: -68.670608

Temperatura

3855 °C

Altitud

 6.3 - 28 M.s.n.m. 

Fuente: http://www.milapaz.travel/atractivo_turistico/index/complejo_arqueologico_kantatallita/225

El megadeslizamiento de Santa Rosa de Callapa

El megadeslizamiento de Santa Rosa de Callapa ocurrió el 26 de febrero de 2011. En esta tragedia 1.188 familias perdieron sus casas. En total se cuantificaron 6.000 damnificados.



























Patentes para los perros

Patentes para los perros

En 1934, mediante ordenanza municipal, las autoridades determinaron que los propietarios de perros debían adquirir una patente municipal que debían colocar en el collar del animal. Al mismo tiempo, el instructivo indicaba que la mascota bebía llevar un bozal y ser conducida por su amos con una cadena.

La Policía Urbana tenía la instrucción de proceder al sacrificio del animal que no llevara la patente. Durante el día, los propietarios debían encadenar a los canes en sus domicilios y liberarlos sólo en las noches libres. Si el animalito atacaba a alguna persona, el propietario debía pagar la curación y una multa de 50 bolivianos. La medida quedó sin efecto hasta hoy

Monumentos de La Paz Monumento a ANDRÉS DE SANTA CRUZ

Monumento escultórico compuesto por dos figuras: la Cabeza de Zepita y la Pukara. Ambas están clasificadas como esculturas de bulto redondo: la Cabeza de Zepita es estatuaria, y la Pukara, ornamental. La Pucara sostiene, sobre sus altos, tres cabezas que representan a Bolívar, Sucre y Santa Cruz. De acuerdo al peso total de ambas esculturas, es el monumento escultórico más pesado de la ciudad. Obra del escultor Ted Carrasco, realizada a base de piedra arenisca en 1989. El monumento está ubicado en el paseo de la avenida Dr. Hernán Siles Zuazo de la zona de Aranjuez.

El monumento que rinde homenaje a Andrés de Santa Cruz (1792-1865), sexto Presidente de Bolivia y Mariscal de Zepita, creador y protector de la Confederación Perú Boliviana, fue erigido a iniciativa de la Alcaldía Municipal, por medio del concurso público “Ayuda Memoria y Compromiso: Monumento a Andrés de Santa Cruz en la plaza de los Héroes”, hecho oficial en 1988. El diseño ganador fue realizado por el escultor Ted Carrasco, quien más tarde inició su obra con la ayuda de otros escultores especializados, entre los que destaca Eusebio Montealegre. El tallado de las enormes rocas areniscas duró casi un año. En 1989 quedaron concluidas las piezas del monumento y comenzó su armado en la plaza.

En 1994 se incluyeron en los lados laterales del monumento dos estatuas de piedra arenisca con las efigies de wacas, que representan la dualidad de una pareja constituida por el género femenino y masculino, para darle al lugar un acercamiento a la cosmovisión andina. En 2008 el Gobierno Municipal reubicó estas obras a una jardinera de las avenidas Guido Capra Jemio y Costanera de la zona de Obrajes. Asimismo, mediante Ordenanza Municipal Nº 410/2009, proyectándose la reconstrucción de una nueva plaza, se aprobó un concurso público para reubicar el monumento, el cual, de acuerdo al proyecto ganador, fue desmontado y trasladado a la zona de Aranjuez en agosto de 2010, donde actualmente se encuentra sin armado. 


Para saber mas sobre Andrés de Santa Cruz y Calahumana puede leer mas aqui

https://es.wikipedia.org/wiki/Andr%C3%A9s_de_Santa_Cruz#Fin_de_la_Confederaci%C3%B3n




Destinos turisticos Chullpares de Totora

Chullpares de Totora

Los Chullpares de Totora, se encuentran distribuidos en casi toda la extensión que comprende el poblado del mismo nombre. Son construcciones funerarias de tiempos pre coloniales, presumiblemente de los señoríos aymaras que se asentaron por la región.

Fueron edificadas con la mezcla de arcilla con paja y su base era de piedra. Tienen en promedio 3 y medio metros de alto y más de 2 metros de ancho. Cuentan con una puerta de forma triangular de un metro de altura con vista al este. En su conservación y deterioro, al mismo tiempo, participaron los lugareños. Muchos de ellos depredaron las edificaciones influidos por la idea de que en el interior había tesoros escondidos, a diferencia de otros que tenían apego a los valores culturales de la región. De ese modo actualmente se conservan en el pueblo siete torres funerarias que se han mantenido a pesar del clima árido y ventoso.

Es aconsejable visitar este complejo funerario con ayuda de los propios pobladores, debido a que para alguno de ellos estos sitios son sagrados. La temporada ideal para recorrer los chullpares es la época seca que comprende los meses de mayo a septiembre.

Recomendaciones

Llevar ropa abrigada, zapatos cómodos para caminar, guantes, gafas de sol, gorra y o un sombrero, abrigo impermeable para época de lluvia, botiquín de primeros auxilios, protector solar y medicina para el mal de altura

Departamento

La Paz

Región

Valles Interandinos Sur

Provincia

Loayza

Municipio

Luribay

Categoria

2.1.1. Sitios O Conjuntos

Jerarquia

Jerarquia I 

Coordenadas

Latitud: -17.121158 Longitud: -67.6877777

Temperatura

3 °C - 19 °C

Altitud

 3941 M.s.n.m.

Fuente: http://www.milapaz.travel/atractivo_turistico/index/chullpares_de_totora/294 


Fuente: https://www.youtube.com/watch?v=ZEpNU5PzG6A

El deslizamiento en Hoyada 23 de Marzo ( Bartolina Sisa )

2012 El 16 de febrero se registró un deslizamiento en Hoyada 23 de Marzo (Bartolina Sisa) que provocó el colapso de casas precarias y un muerto. En el sector hubo desastres en 2012 y 2003.

La historia de la yapa

La yapa, institucionalizada en 1704

En 1704, mediante ordenanza municipal de la ciudad de La Paz, a petición del alcalde José Acuña, por primera vez, en forma escrita, se determinó la institucionalización de la yapa en todas los negocios que se dedicaban a la venta de productos al por mayor y menor en la ciudad.

 La costumbre de dar yapa (palabra en aymara que signfica aumento) logró establecer un estrecho vínculo de reciprocidad entre clientes y comerciantes.

En los mercados populares de la ciudad, las caseras mantienen a través del tiempo esa costumbre para mantener la fidelidad de sus compradoras y compradores. “Llevate casera, con yapita te voy a dar”, seducen.

Monumentos de La Paz Monumento a JOSÉ DE SAN MARTÍN

Obra realizada a base de bronce fundido en 1962 , se desconoce su autor. Está ubicada sobre la plaza homónima, entre las avenidas Germán Busch, Argentina y Bautista Saavedra de la zona de Miraflores.

 En 1962 el gobierno argentino, por medio del Dr. Carlos Manuel Muñiz, Ministro de Relaciones Exteriores, obsequió a su homólogo boliviano la figura ecuestre de San Martín (1778-1850), militar y estadista argentino. El Gobierno Central dispuso a la Alcaldía su emplazamiento. Por lo cual, la Municipalidad concedió el parque triangular para la instalación del monumento. Al acto de entrega asistieron el presidente Víctor Paz Estenssoro, acompañado de todo su gabinete, el alcalde Ángel Gómez García y algunos comités cívicos, de los cuales sobresale la presencia de los Amigos de la Ciudad, quienes entregaron una placa que resaltó la “hermandad boliviano-argentina” y recordó las memorias del brigadier Cornelio Saavedra, general potosino Presidente de la Primera Junta de Gobierno de las Provincias de La Plata, y del general José de San Martín. Después de 16 años, mediante Ordenanza Municipal Nº 020/1978, la Alcaldía nominó este espacio público como plaza General José de San Martín, en homenaje al prócer argentino y en ocasión de cumplirse el bicentenario de su natalicio. Actualmente fue retirado por la construcción del Teleférico y aún no se sabe sobre su reubicación exacta.



Destinos turisticos Complejo Arqueologico de Pasto Grande

Complejo Arqueologico de Pasto Grande

El Complejo Arqueológico de Pasto Grande, ha sido declarado monumento nacional y patrimonio cultural de Bolivia. 

Se encuentra ubicado en el cantón La Plazuela al sur del Municipio de Irupana, ocupa una superficie aproximada de 1.025 hectáreas.

Este sitio arqueológico tiene gran valor cultural para la región de los Yungas y para el Departamento de La Paz. Está compuesto por diez ciudadelas de antiguas, sus construcciones son de origen tihuanacota se encuentran divididas en cuatro sectores. El área denominada Pasto Grande se compone por el complejo agrícola conformado por terrazas que alcanzan una extensión de 250 hectáreas con sus respectivos sistemas de riego ·diseñados para evitar la erosión de los suelos, existen también depósitos para almacenar hasta 2.000 quintales de producción.

Por los alrededores del complejo se pueden observar también estructuras habitacionales de dimensiones comparables a las del Cuzco en el Perú y unos veinte caminos preincaicos, se cree pertenecieron a la época clásica del desarrollo de esta cultura ya que fueron construidos entre los años 483 al 724 d.c. Estas construcciones fueron abandonadas en las proximidades del año 1172 d.c., posteriormente fué ocupada por las “Markas Aymaras de Umasuyos” y luego, fue nuevamente rehabilitada durante la ocupación incaica del hijo de Pachacutec: Topa Inca Yupanqui y de Huayna Kapac, cuando se habría restablecido la actividad agrícola en la región para el cultivo de la hoja de coca.

Se accede al lugar por dos rutas: la primera por el camino que se inicia en la Ciudad de La Paz a Pariguaya saliendo por Chasquipampa y atravesando sucesivamente Ventilla, Tres Ríos, Iquico, Totoral, Chuñavi, Lambate y Pariguaya. La segunda vía sigue.


SITIO ARQUELOGICO DE PASTO GRANDE

DE LAS NIEVES ETERNAS DE LOS ANDES A LA SELVA TROPICAL EN UN DIA

RUINAS INCAICAS DE PASTO GRANDE

“EL Machu Pichu boliviano”

Las Ruinas Incaicas de Pasto Grande ubicadas a 130 Km. De la ciudad de La Paz en el sector de Lambate – La Plazuela de la Provincia Sud Yungas fueron descubiertas en junio de 1976 por la Brigada Técnica dirigida por el Ing. Jose González Arce, durante la rotulación del segundo camino de penetración a los Yungas Paceños. La ruta caminera fue ejecutada con los trabajos de la Corporación de Desarrollo de La Paz (hoy Gobierno Autónomo Departamental de La Paz), la ruta caminera se inicia en la ciudad de La Paz en el barrio de Calacoto sigue por Ovejuyu, Ventilla, Palca, Tres Ríos, Chuñavi, Lambate, Curiguati y Pasto Grande.

El turista en el trayecto desde La Paz observara el Cañón o Farellones de Palca, El Valle de Ánimas y desde varios Km. de distancia observara los majestuosos Nevados Illimani y Mururata, en la cima de las montañas de la cordillera de Yungacruz y el Kasiri dos gigantescas cabezas pétreas que los campesinos los denominan “EL INCA DORMIDO”. Siguiendo la ruta caminera el turista atravesara por los pies de Mururata y Illimani a 6.500 m.s.n.m., y desde la población de Chuñavi y Lambate la carretera desciende a 1.000 mts. Sobre el nivel del mar a orillas de los ríos Chungamayu y La Paz con un clima bastante tropical. El tiempo de viaje en movilidad ligera es de aproximadamente de 4 horas. El turista de aventura podrá retornar a La Paz por la ruta Plazuela, Irupana, Chulumani, Unduavi y La Paz.

La extensión de las ruinas de Pasto Grande abarca aproximadamente 1.025 hectáreas de restos Arqueológicos, andenes agrícolas, canales de riego, restos habitacionales, caminos y una ciudadela tihuanacota en el sitio de Callejón Loma. Las ruinas de Pasto Grande son mucho más extensas que las ruinas del Machu Picchu en el Perú y en el Gobierno Boliviano Mediante el Decreto Presidencial No. 23228 la declaro como Monumento Nacional a la zona Arqueológica de Pasto Grande. Un técnico experto como fue el Dr. Max Williams sostenía que la región se constituía en el verdadero “PARAÍSO TERRENAL” de las leyendas Bíblicas por representar la síntesis GEOGRÁFICA DE BOLIVIA con los climas bien diferenciados: la frígida de las alturas de los nevados Illimani y Mururata que origina las lagunas de “KALA CIUDAD ENCANTADA”. Clima del valle templado con producción de frutas como manzanas, duraznos, peras, mani, uvas, y otros. Clima tropical con producción de arroz, caña de azúcar, naranjas, limones, bananos, piña, sandia, coca, café, mango y presencia de animales de monte.

Recomendaciones

Ropa delgada para climas de temperaturas elevadas e impermeable para épocas de lluvia gorra y protector solar, botiquín de primeros auxilios, repelente para mosquitos.

¿Como llegar ?

Partida        Llegada     Distancia(aprox)

La Paz           Puente Villa        88 km.
Puente Villa  Chulumani          24 km.
Chulumani    Irupana               30 km.
Irupana         Pasto Grande      41 km.

Departamento

La Paz

Región

Yungas

Provincia

Sud Yungas

Municipio

Irupana

Categoria

2.1.1. Sitios O Conjuntos

Jerarquia

Jerarquia Iii

Coordenadas

Latitud: -16.543245 Longitud: -67.4358577

Temperatura

13 °C - 25 °C

Altitud

1972 M.s.n.m.

Fuente: http://www.milapaz.travel/atractivo_turistico/index/complejo_arqueologico_de_pasto_grande/206

El deslizamiento de las Lomas

2012 

El 1 de febrero ocurrió un deslizamiento en Las Lomas que dejó 11 casas precarias afectadas y 45 damnificados. En la misma zona se registraron otros casos en marzo de 2002 y agosto de 2003.

Las Lomas  se encuentra en el barrio de Achumani y es mas conocido como las Lomas de Achumani

Foto periodico Página Siete


Guerra del Chaco, pretexto para no ir a clases

Guerra del Chaco, pretexto para no ir a clases

 En 1934, a causa de la Guerra del Chaco (1932-1935), en la ciudad se registró una gran deserción de alumnado en las escuelas, lo que provocó la preocupación de la autoridades, ante lo que el Honorable Concejo Municipal, mediante ordenanza municipal, determinó establecer la asistencia obligatoria a las escuelas fiscales y particulares.

La instrucción señalaba que la inasistencia sería sancionada con una multa de dos a cinco bolivianos, por cada falta, salvo presentación de un certificado médico. Los establecimientos debían otorgar a los alumnos una tarjeta, que debía ser marcada diariamente. La Policía realizaba batidas cotidianas para sorprender a los faltones.

Para saber más sobre la guerra del chaco se puede leer

https://es.wikipedia.org/wiki/Guerra_del_Chaco

Monumentos de La Paz Monumento al POLICÍA MILITAR

Conjunto escultórico conformado por dos figuras, una con la efigie de un Policía Militar y la otra con la de un perro policía. La secundaria, está clasificada como escultura ornamental de bulto redondo, de cuerpo entero, en posición erguida. Tiene una altura de 1 m con 20 cm y su peso aproximado es de 500 kgs. Obras del escultor Miguel Ángel Tórrez, realizadas en cemento en 2001. Están ubicadas en la avenida Bautista Saavedra, frente al Estado Mayor del Ejército, de la zona de Miraflores.

 Durante la gestión del coronel Pomier, entonces Comandante del Estado Mayor, los militares buscaron rendir honores a todos aquellos soldados que habían servido a la patria cursando especialidades en la Policía Militar (P.M.). De esta forma, se encomendó al escultor Tórrez realizar libremente el boceto, el cual, al poco tiempo, fue aprobado. Cuando la estatua quedó finalizada fue emplazada dentro del Estado Mayor, siendo develada el 22 de junio de 2001, fecha en que se recordó el aniversario de la Policía Militar, con la asistencia del general Anaya, Comandante General de las Fuerzas Armadas de la Nación.

En 2008 la nueva oficialidad del Estado Mayor solicitó al Gobierno Municipal, reubicar el Policía Militar a una jardinera de la avenida Saavedra. De esta manera, la Oficialía Mayor de Culturas viabilizó su traslado, emplazamiento y restauración de la obra en el espacio público donde actualmente se encuentra. Los trabajos de restauración incluyeron dotar la estructura del conjunto escultórico con pátinas de bronce y reparar el rostro de la estatua del Policía Militar, ya que fue dañada en su transferencia (actualmente reparado), labores en las que intervino el escultor Tórrez.

Destinos turisticos Chullpares Jiwakuta y Villanta ( Visalaya )

Chullpares Jiwakuta y Villanta (Visalaya)

Chullpares Jiwakuta y Villanta (Visalaya), se encuentran en la colina del mismo nombre al noreste de la población de Nazacara, aproximadamente a 20 minutos en movilidad, entre las comunidades de Jilahuta y Visalaya. En este sitio se pueden apreciar estos restos arqueológicos cuya procedencia es posiblemente de origen tiwanacota.

Las dos torres funerarias son de forma cuadrada construidas de piedra y miden aproximadamente 2 metros de altura. Según los pobladores existen un conjunto abundante de restos humanos y tumbas que se encuentran por sus alrededores cubiertos por el proceso del tiempo con promontorios de tierra compacta. Estas”chullpas” son cuidadas celosamente por los comunarios con el fin de preservarlos para realizar futuros estudios.

Recomendaciones

Llevar ropa abrigada, zapatos cómodos para caminar, guantes, gafas de sol, gorra y o un sombrero, abrigo impermeable para época de lluvia, botiquín de primeros auxilios, protector solar y medicina para el mal de altura.

Departamento

La Paz

Región

Altiplano Sur

Provincia

Pacajes

Municipio

Nazacara De Pacajes

Categoria

2.1.1. Sitios O Conjuntos

Jerarquia

Jerarquia Ii 

Coordenadas

Latitud: -16.935036 Longitud: -68.760992

Temperatura

7 °C - 11 °C

Altitud

 3826 M.s.n.m. 

Fuente: http://www.milapaz.travel/atractivo_turistico/index/chullpares_jiwakuta_y_villanta__visalaya_/379

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