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Destinos turisticos - Turismo medicinal Medicina Tradicional de los Kallawayas

Medicina Tradicional de los Kallawayas

Conocidos internacionalmente por ser los médicos de los incas

Medicina Tradicional de los Kallawayas, comprende prácticas conocimientos y creencias que los pobladores de la Provincia Bautista Saavedra del Departamento de La Paz emplean ancestralmente.

La Ley de la República N° 928 del 9 de abril de 1987, declaró como Capital de la Medicina Tradicional de Bolivia.

Esas prácticas incluyen elementos de origen animal, vegetal y/o mineral. Todo aquello que restablece el equilibrio natural del cuerpo y el espíritu, incluso los sonidos y las palabras, pueden curar y sanar.

El derecho de ejercer la Medicina Tradicional es transmitida exclusivamente por filiación de una generación a otra, siendo iniciados los hijos varones en las prácticas ancestrales. Si el médico herbolario no tiene descendencia sus conocimientos mueren con él, en ningún caso son transmitidos a sucesores del sexo femenino.

Según la Cultura Kallawaya el ser humano es la unión de tres elementos vitales derivados del Ajayu (espíritu); el Atún Ajayu fuérza divina que otorga las facultades de pensar, sentir y moverse; el Juchui Ajayu cuerpo astral o anímico; en el tercer elemento -cuerpo físico- en el que están encarnados ambos ajayus.

La enfermedad está asociada a la pérdida del Ajayu y para restablecerla el Kallawaya acude a recursos de la naturaleza y del mundo espiritual. Hace uso de terapias basadas en ceremonias espirituales en las que se invoca a deidades y ancestros como la Pachamama y las montañas.

Kallawayas. Grupo étnico establecido en la región montañosa de Bautista Saavedra, al norte de la Paz, Bolivia. Su actividad principal es el ejercicio de una medicina ancestral. La cosmovisión andina de esta comunidad fue proclamada Obra Maestra del Patrimonio Oral e Inmaterial de la Humanidad en el 2003. Sus valores han evolucionado con la fusión de las religiones indígena y cristiana.

Orígenes y lugar de asentamiento

Kallawaya significa el país del "pueblo portador de la medicina herborista". El origen de este pueblo es incierto, aunque los expertos aseguran que es anterior al Imperio Inca y que procede de una localidad peruana llamada Carabaya. Nómadas y libres de todo dominio, los kallawayas se instalaron al sur de la Cordillera de los Andes, entre las montañas de Apolobamba y Muñecas, en la actual Bolivia; en esa provincia, que en el siglo XX tomó el nombre de Bautista Saavedra, se estableció definitivamente este pueblo. La región ocupada por los kallawayas se divide en una zona tropical cercana a la selva amazónica (la yunga), otra zona templada en el corazón de los valles, y, por último, una zona de clima montañoso; tres ecosistemas que ofrecen a estos sabios una variedad inmensa de plantas medicinales.

Cosmovisión

La práctica de la medicina está asociada a diversos ritos y ceremonias que constituyen la base de la economía local. La cosmovisión andina de la cultura kallawaya abarca todo un acervo coherente de mitos, ritos, valores y expresiones artísticas. Sus técnicas medicinales, basadas en los sistemas de creencias de los antiguos pueblos indígenas de los Andes, gozan de un amplio reconocimiento en Bolivia y en numerosos países de América del Sur, donde ejercen los médicos-sacerdotes kallawayas. Este arte de curación, que está reservado a los hombres, procede de un conocimiento extraordinario de la farmacopea animal, mineral y botánica, así como de todo un corpus de conocimiento rituales indisociables de las creencias religiosas. Los curanderos itinerantes tratan a los pacientes gracias a conocimientos médicos y farmacéuticos que se articulan en torno a un sistema complejo de transmisión y de aprendizaje en el que el viaje desempeña un papel preponderante. Al atravesar ecosistemas muy variados en el transcurso de sus viajes, los curanderos kallawayas enriquecen sus conocimientos de las plantas medicinales. La farmacopea kallawaya, que consta de unas 980 especies, es una de las más ricas del mundo. Las mujeres kallawayas participan en ciertos ritos y se consagran a la salud de las mujeres encintas y de los niños. Ellas tejen los paños que se utilizan en los ritos, cuyos motivos y adornos evocan la cosmovisión kallawaya. Durante las ceremonias rituales, grupos de música llamados kantus tocan la zampoña y el tambor para entrar en contacto con el mundo de los espíritus. El aprendizaje de la medicina kallawaya se efectúa principalmente a través de la observación. Los médicos no hablan, o lo hacen muy poco, y sus alumnos deben aprender viéndolos actuar. La vocación nace en la familia: uno u otro de los hijos muestra interés en estos conocimientos y sigue al padre o al tío, recoge plantas, ayuda en las curaciones, presencia las consultas. El rito de la mesa de curación

El rito de la mesa de curación es un acto sagrado que consiste en pedir ayuda a la Pachamama. Con gestos metódicos y precisos, acompañados de oraciones, el médico kallawaya deposita un paño extendido sobre el suelo, de cinco a diez a diez metros de algodón o de lana de llama, en cuyo interior se encuentran las hojas de coca. Encima del paño, el médico esparce migas de pan y flores de retama o de clavel así como de otras plantas. Tras bendecir el conjunto con la señal de la cruz, pronuncia unas fórmulas y coloca cada ofrenda en una bolsa de tela que coloca sobre la Orígenes y lugar de asentamiento

Kallawaya significa el país del "pueblo portador de la medicina herborista". El origen de este pueblo es incierto, aunque los expertos aseguran que es anterior al Imperio Inca y que procede de una localidad peruana llamada Carabaya. Nómadas y libres de todo dominio, los kallawayas se instalaron al sur de la Cordillera de los Andes, entre las montañas de Apolobamba y Muñecas, en la actual Bolivia; en esa provincia, que en el siglo XX tomó el nombre de Bautista Saavedra, se estableció definitivamente este pueblo. La región ocupada por los kallawayas se divide en una zona tropical cercana a la selva amazónica (la yunga), otra zona templada en el corazón de los valles, y, por último, una zona de clima montañoso; tres ecosistemas que ofrecen a estos sabios una variedad inmensa de plantas medicinales.

Cosmovisión

La práctica de la medicina está asociada a diversos ritos y ceremonias que constituyen la base de la economía local. La cosmovisión andina de la cultura kallawaya abarca todo un acervo coherente de mitos, ritos, valores y expresiones artísticas. Sus técnicas medicinales, basadas en los sistemas de creencias de los antiguos pueblos indígenas de los Andes, gozan de un amplio reconocimiento en Bolivia y en numerosos países de América del Sur, donde ejercen los médicos-sacerdotes kallawayas. Este arte de curación, que está reservado a los hombres, procede de un conocimiento extraordinario de la farmacopea animal, mineral y botánica, así como de todo un corpus de conocimiento rituales indisociables de las creencias religiosas. Los curanderos itinerantes tratan a los pacientes gracias a conocimientos médicos y farmacéuticos que se articulan en torno a un sistema complejo de transmisión y de aprendizaje en el que el viaje desempeña un papel preponderante. Al atravesar ecosistemas muy variados en el transcurso de sus viajes, los curanderos kallawayas enriquecen sus conocimientos de las plantas medicinales. La farmacopea kallawaya, que consta de unas 980 especies, es una de las más ricas del mundo. Las mujeres kallawayas participan en ciertos ritos y se consagran a la salud de las mujeres encintas y de los niños. Ellas tejen los paños que se utilizan en los ritos, cuyos motivos y adornos evocan la cosmovisión kallawaya. Durante las ceremonias rituales, grupos de música llamados kantus tocan la zampoña y el tambor para entrar en contacto con el mundo de los espíritus. El aprendizaje de la medicina kallawaya se efectúa principalmente a través de la observación. Los médicos no hablan, o lo hacen muy poco, y sus alumnos deben aprender viéndolos actuar. La vocación nace en la familia: uno u otro de los hijos muestra interés en estos conocimientos y sigue al padre o al tío, recoge plantas, ayuda en las curaciones, presencia las consultas.

El rito de la mesa de curación

El rito de la mesa de curación es un acto sagrado que consiste en pedir ayuda a la Pachamama. Con gestos metódicos y precisos, acompañados de oraciones, el médico kallawaya deposita un paño extendido sobre el suelo, de cinco a diez a diez metros de algodón o de lana de llama, en cuyo interior se encuentran las hojas de coca. Encima del paño, el médico esparce migas de pan y flores de retama o de clavel así como de otras plantas. Tras bendecir el conjunto con la señal de la cruz, pronuncia unas fórmulas y coloca cada ofrenda en una bolsa de tela que coloca sobre la frente del paciente, a la vez que recita palabras mágicas. A continuación el paciente debe soplar sobre la ofrenda para evacuar las malas energías. Una vez finalizado el rito, el médico arroja la bolsa al fuego para que se lleve el mal. La consulta se paga con algunos pesos bolivianos o con cualquier objeto de valor. Los viajes

Los kallawayas tienen la costumbre de abandonarlo todo durante varios meses para confrontar otras realidades. Dejan mujeres y niños y parten, a menudo a pie, hacia otras regiones de Bolivia, Argentina, Perú, Venezuela. No son viajes improvisados, sino que se preparan con mucha antelación. Se trasladan con un equipaje ligero, compuesto principalmente por sus kapachas (estuche médico)en las que transportan las plantas que les permiten resolver sus consultas. A su regreso, tienen la obligación moral de hacer que la comunidad aproveche la experiencia adquirida en el curso de su periplo, porque de lo contrario su familia o sus amigos podrían expulsarlo. Los kallawayas están al servicio de los demás. frente del paciente, a la vez que recita palabras mágicas. A continuación el paciente debe soplar sobre la ofrenda para evacuar las malas energías. Una vez finalizado el rito, el médico arroja la bolsa al fuego para que se lleve el mal. La consulta se paga con algunos pesos bolivianos o con cualquier objeto de valor. Los viajes

Los kallawayas tienen la costumbre de abandonarlo todo durante varios meses para confrontar otras realidades. Dejan mujeres y niños y parten, a menudo a pie, hacia otras regiones de Bolivia, Argentina, Perú, Venezuela. No son viajes improvisados, sino que se preparan con mucha antelación. Se trasladan con un equipaje ligero, compuesto principalmente por sus kapachas (estuche médico)en las que transportan las plantas que les permiten resolver sus consultas. A su regreso, tienen la obligación moral de hacer que la comunidad aproveche la experiencia adquirida en el curso de su periplo, porque de lo contrario su familia o sus amigos podrían expulsarlo. Los kallawayas están al servicio de los demás.

Recomendaciones

Llevar ropa liviana para el día y abrigada para la noche, zapatos cómodos, lentes, gorra para sol y abrigo impermeable para época de lluvia; botiquín de primeros auxilios, protector solar y medicinas.

¿Como llegar ?

Partida        Llegada     Distancia(aprox)

La Paz          Achacachi        94 km.
Achacachi    Escoma            81 km.
Escoma        Charazani        89 km.

Departamento

La Paz

Region

Valles Interandinos Norte

Provincia

Saavedra

Municipio

Charazani

Categoria

3.3.5. Medicina Popular

Jerarquia

Jerarquia Iii

Coordenadas

Latitud: -15.207295 Longitud: -68.7682347

Temperatura

3.7 °C - 21 °C

Altitud

3250 M.s.n.m.

Para saber mas puede consultar

https://es.wikipedia.org/wiki/Cultura_kallawaya

Fuente: http://www.milapaz.travel/atractivo_turistico/index/medicina_tradicional_de_los_kallawayas/161

Fuente: https://www.youtube.com/watch?v=s3d10hi_8XA

Mentes criminales en La Paz la historia de Polonia Méndez

Nota de prensa que salio publicada en el periodico Página Siete el día 27 de enero de 2019 en las páginas 22 y 23 en la sección gente y lugares

El 28 de noviembre de 1920, la ciudad de La Paz se estremeció con el caso de Polonia Méndez, una joven de 18 años que apuñaló a su amante, un diplomático joven, después de tener un encuentro íntimo con él. La muchacha declaró que cometió el crimen pasional en defensa de su honor.

La historia comenzó cuando Polonia, una muchacha de origen humilde, llegó a trabajar al despacho del diplomático Fernando Granier. Según las declaraciones de la joven, después de ser detenida, Granier la había sedado y mancillado su honor, y se negaba a casarse con ella para reparar el daño que le había provocado.

Ante la resistencia del joven, Polonia decide poner tierra por medio entre ambos; sin embargo, se mantienen comunicados por cartas. Al cabo de un tiempo, ella regresa a La Paz, se encuentra con Granier y se produce el crimen.

El caso llamó la atención del arqueólogo Arthur Posnansky, quien aseguró que Polonia “planificó todo el teatro y escenario del crimen”. (Freddy Zárate).

La historia del trasporte público en La Paz el micro

El micro

LLamado asi por ser una - vamos a llamar asi - acortación de la palabra microbus por ser mas pequeño que un bus.

Se implemento en 1971

Los buses pequeños para 21 pasajeros sentados fueron considerados como coches de primera lo que significaba pagar el doble de la tarifa que se cobraba en los colectivos. Reprodujo la desigualdad social y trato discriminatorio a personas que  llevaban bultos y favorecio a pasajeros pudientes


Monumentos de La Paz Monumento a ALONSO DE MENDOZA

Obra diseñada por el escultor y arquitecto Hugo Almaraz, fundido en bronce por Toribio Quino en 1948. En los lados frontales del pedestal lleva dos esculturas de alto relieve, esculpidas en piedra granito, que representan dos temas históricos: la ceremonia de fundación de la ciudad Nuestra Señora de La Paz en Laja y su posterior traslado al pueblo de Chuquiago, donde se asentó definitivamente la ciudad. En ambas imágenes se encuentra el capitán Mendoza personificado con diferentes vestiduras de la época. Fueron esculpidas por varios obreros en dos murales de una misma dimensión, que poseen una altura aproximada de tres metros. Está ubicado en la plaza homónima de la zona de San Sebastián.

El monumento que rinde homenaje al capitán Alonso de Mendoza (1510?-1551), fundador de la ciudad de Nuestra Señora de La Paz, fue erigido por iniciación e impulso de Nemesio Iturri Núñez, laborado por Flavio Machicado, dirigido y diseñado por Hugo Almaraz y auspiciado por la Alcaldía Municipal, con motivo del IV Centenario de la fundación de la ciudad, en el espacio, donde, según se dice, los españoles fundaron por segunda vez la ciudad el 23 de octubre de 1548. Fue develado el 20 de octubre de 1948 y los murales de su entorno fueron entregados un año después.

El espacio público donde se encuentra el monumento, en sus primeros años de existencia, fue llamado plaza de Churupampa (campo de caracoles); más tarde, recibió el nombre de plazuela de San Sebastián, nombre adoptado del primer templo católico fundado en el valle del Choqueyapu. Durante la República, en 1902, pasó a llamarse plaza Alonso de Mendoza, en homenaje al fundador, siendo finalmente nominada con este nombre mediante Ordenanza Municipal del 7 de julio de 1950.

Para erigir el monumento, se desmanteló la fuente de La Paz, la cual, tallada en piedra comanche, se encontraba en el eje central de la plaza. Esta fuente fue realizada por Humberto Beltrán, era de arquetipo circular con dos tasas, en la cuales se realzaba una escultura de bronce de 70 cm con la efigie de una mujer con un cántaro de agua, la misma que se ha perdido. Cuando quedó concluido el monumento, sobre su frontis se innovaron recreaciones paisajísticas con la imagen del escudo de La Paz. Lució así algunos años, hasta que se construyó un nuevo perfil de la plaza, retirándose los añosos árboles de sus extremos y se suprimió la jardinera que ostentaba dicho escudo, instalándose en su lugar bloques de piedra comanche, en los cuales se situaron placas conmemorativas.

*En documentos antiguos figura su nombre como Alonzo.

Para saber mas puede consultar

https://es.wikipedia.org/wiki/Alonso_de_Mendoza

Destinos turisticos Ciudad de Chullpares de Kulli Kulli

Ciudad de Chullpares de Kulli Kulli

Los Chullpares de Kulli Kulli, se encuentran al sur de la Población de Sica Sica, cerca de la Comunidad de Ayamaya, denominada también Ciudad de los Chullpares. Esta constituido por tumbas funerarias, pertenecientes a los pueblos originarios de la zona andina, presumiblemente a asentamientos aymaras del período posterior a Tiwanaku. En ellas se enterraban los difuntos generalmente caciques y notables en posición fetal acompañados de alimentos, utensilios y vestidos.

Ciudad De Chullpares De Kulli Kulli
Estas construcciones presentan un alto valor cultural, arquitectónico y etnográfico, ya que permite conocer algunas características relevantes de la cosmovisión andina, su forma de entender la vida en sus diversas dimensiones espirituales.

El emplazamiento alberga a 70 edificaciones de adobe y paja de forma rectangular, cada una de ellas con una altura de 3 a 5 metros y una base de 1,5 por 2 metros. La mayoría de las chullpas están dañadas por la lluvia, el viento y la falta de un muro perimetral. Los pobladores señalan que hace 20 años este enterramiento contaba con 150 unidades. Para visitar este complejo es necesario comunicarse con los comunarios para que junto a ellos se pueda visitar el atractivo.

Recomendaciones

Llevar ropa abrigada, zapatos cómodos para caminar, guantes, gafas de sol, gorra y o un sombrero, abrigo impermeable para época de lluvia, botiquín de primeros auxilios, protector solar y medicina para el mal de altura

Para saber lo que es una chullpa puede consultar

https://es.wikipedia.org/wiki/Chullpa

Departamento

La Paz

Region

Altiplano Sur

Provincia

Aroma

Municipio

Sica Sica

Categoria

2.1.1. Sitios O Conjuntos

Jerarquia

Jerarquia Ii

Coordenadas

Latitud: -17.407550001516938 Longitud: -67.698734002187848

Temperatura

4 °C - 10 °C

Altitud

3941 M.s.n.











Fuente: http://www.milapaz.travel/atractivo_turistico/index/ciudad_de_chullpares_de_kulli_kulli/390

Fuente: https://www.youtube.com/watch?v=7ae_5Txcmqg


Mentes Criminales en La Paz la historia de Misael Renterías

Nota de prensa que salio publicada en el periodico Página Siete el día 27 de enero de 2019 en las páginas 22 y 23 en la sección gente y lugares

Misael Renterías encabezó la banda Renterías, formada por sus familiares (padre y hermanos), que sometió a la ciudad de La Paz al asalto de sus más importantes negocios, en la primera mitad del siglo XX.

La carrera de delitos de los Renterías comenzó en 1931, cuando Misael y su padre, Aureliano, fueron detenidos y prontuariados por el “robo de especies”, señala Nigel Abraham Caspa Pacheco, en la página de Facebook Fotos antiguas de La Paz. “Así iniciaba una historia que alcanzaría su clímax seis años después”, añade.

Y fue así. Entre 1931 y 1937, después de dedicarse a robos menores, comenzaron a asaltar negocios importantes en La Paz, como la tienda El Siglo, la sastrería Zapata, la tienda de abarrotes Ostaloza y Cáceres y la vidriería italiana Crispieri, “el hecho que puso nuevamente a los Renterías como enemigos públicos número uno de la ciudad”. En 1937 la banda fue capturada. Misael ofreció resistencia y fue herido. Fue atendido en la Asistencia Pública y de ahí a la cárcel.

La historia del transporte público en la ciudad de La Paz Góndolas y táxis

Góndolas y táxis

Se implemento en 1925

En 1904, el comerciante Jesús Aguayo trae a Bolivia el primer automovil a motor. En 1919 se inicia el servicio de transporte público. Son los primeros táxis y buses  " Góndolas ", " chaucheros " ( 6 puertas) o cajoncitos ( 4 ) La Paz avanza con avenidas como la Camacho, Mariscal Santa Cruz y Busch.

Monumentos de La Paz Monumento a EUSTAQUIO “MOTO” MÉNDEZ ARENAS

Obra realizada en cemento; se desconoce su autor. Está ubicada en la plazoleta homónima de la zona Meseta de Achumani.

 El busto que rinde homenaje al “Moto Méndez” (1784-1849), guerrillero independista, fue realizado en Santa Cruz, de donde la compró un ciudadano tarijeño residente en La Paz, quien obsequió esta efigie al municipio paceño. En 2000 el Gobierno Municipal dispuso el espacio público donde emplazó el busto, con el esfuerzo y tesón de la hermandad desarrollada por la Junta de Vecinos de la Meseta de Achumani, presidida por Gastón Rodríguez M. Al tiempo del develado, el Gobierno Municipal recibió las congratulaciones de sus homólogos tarijeños, representados por Oscar Montes, H. Alcalde Municipal, y de Nancy Aparicio, Presidenta del H. Concejo Municipal, quienes enviaron dos placas desde Tarija, siendo situadas a los pies del pedestal. Una de ellas corresponde a la señalización de la plazoleta, y la otra lleva una frase célebre hecha por el Moto Méndez: “Los hombres somos iguales ante Dios y la justicia, Él la jecho pa’ tuitos”.

Para saber mas sobre este héroe de la revolución boliviana y tarijeña puede consultar

https://es.wikipedia.org/wiki/Eustaquio_M%C3%A9ndez

Destinos turisticos Aguas calientes aguas termales

Aguas Calientes

Aguas Calientes, se encuentra ubicado cerca del Río Calachaca escondido entre la vegetación a 13 kilómetros de la Comunidad de San Juan Jahuira. Para aproximarse a este sitio se debe caminar desde la Población de Choquetanga, siguiendo un sendero presumiblemente precolombino por aproximadamente seis km. pasando por San Juan y desde ahí se desciende por una senda que conduce al Río Calachaca. Esta vertiente fué acondicionada por los comunarios quienes usando piedras la adecuaron para darle forma de piscina, con una superficie aproximada de 2 por 3 metros donde se almacena el agua termal que los visitantes usan con fines terapéuticos, por las propiedades curativas que posee.

Próximo a esta poza, se encuentra una construcción de piedra en forma de cabaña, la cual ha sido acondicionada sobre terrazas y sirve para el descanso de propios y extraños. Para llegar a este sitio es aconsejable coordinar la visita con los pobladores de Choquetanga.

Recomendaciones

visitar el sitio en época seca, que comprende los meses de mayo a septiembre, debido a que en temporada de lluvias el acceso es dificultoso por el estado que presenta el sendero.

¿Como llegar ?

Partida             Llegada                Distancia(aprox) 

Plaza Murillo   Konani                  158 Km
Konani             Quime                   84.3 Km
Quime             Aguas Calientes     11.7 Km

Departamento

La Paz

Region

Valles Interandinos Sur

Provincia

Inquisivi

Municipio

Quime

Categoria

1.7.2. Aguas Termales

Jerarquia

Jerarquia I

Coordenadas

Latitud: -16.981456 Longitud: -67.2867455

Temperatura

3 24 °C

Altitud

3076 M.s.n.m.

Fuente: http://www.milapaz.travel/atractivo_turistico/index/aguas_calientes/280

Visita a tres wak’as urbanas para reconectarse con la Pachamama

Nota de prensa que salio publicada en el periodico Página Siete el día domingo 21 de octubre de 2018 en la sección miradas

La wak’a Katari en la autopista, Limank’asa a los pies del Chacaltaya y la Apacheta de La Cumbre son parte del nuevo recorrido.

Leny Chuquimia / La Paz

Desde tiempos inmemoriales, laswak’as son los espacios sagrados para deshacerse de las malas energías, entrar en sintonía con el universo o pedir los favores de la Pachamama. En La Paz hay cientos y un tour místico –con paisajes impresionantes de fondo– invita a recuperar los saberes ancestrales de Chuquiago.

“Aquí, en la wak’a Katari, se dejan las malas energías, se desatan las maldiciones y se rompen malos deseos y las envidias”, dice el amauta David Ticona en el centro ceremonial (un canchón enrejado) situado en la autopista La Paz-El Alto, aledaño al bosquecillo de Pura Pura.

La wak’a Katari se preserva en medio de la Autopista.
Ese sector denominado “Curva del Diablo” alberga la imagen del Tío. Es sitio de ofrendas dedicadas al ser que –aseguran los creyentes– llegó desde las minas y cuyo rostro fue tallado en una piedra, ahora cubierta de alcohol y coca.

Un cordel negro –que representa las malas energías y las maldiciones– es roto en pedazos alrededor de cada visitante. Y es que para empezar un recorrido espiritual hay que descargar todo lo que pesa al ajayu, explica el amauta.

A los pies del Chacaltaya, un momento para meditar.
Con el aura limpia, los visitantes emprenden el camino hacia la wak’a Limank’asa, a los pies del Chacaltaya. En una extensa planicie dos energías opuestas pero complementarias conviven materializadas en dos piedras enormes. Allí se acullica luego de ofrecer un kintu de coca (cuatro hojas) a los cuatro puntos cardinales.

La roca que representa la energía masculina es alta y está cubierta de serpentinas, billetes y de peticiones materiales. A pocos pasos está el centro de la energía femenina. Agrietada y hundida, es parte de una vertiente natural y, según la tradición, brinda dones espirituales. Ante esa roca también se despachan las almas que no quieren dejar este mundo, no sólo las de adultos y niños, sino de quienes no nacieron.

Para proteger el ajayu, amautas atan lanita roja en la mano.
La amauta Tiburcia Hilaya dice que como Limank’asa tiene mucha energía, allí acuden “brujos” que manipulan la voluntad. “Todo lo que se hace vuelve; no es así nomas”, advierte. Los rastros de esos “trabajos” se ven en el piso: fotografías quemadas, perforadas o atadas con hilos de colores; pequeños muñecos con forma humana y jirones de ropa.
Fotos: Leny Chuquimia / Página Siete

La Cumbre es la tercera wak’a del recorrido. El camino que va desde el Chacaltaya hasta la Apacheta de Kalajahuira es de tierra. Al paso salen tropas de llamas que corren alrededor de riachuelos y lagunas cristalinas.

En la Cumbre se brinda una ofrenda  la Pachamama para pedir mejores días


Al final del reencuentro con la Pachamama, en la Cumbre se quema una ofrenda. “Que sea en buena hora”, es la frase con la que unos a otros se abrazan.

El Tour Místico, creado por la agencia municipal de turismo La Paz Maravillosa, cuesta 99 bolivianos por persona. Las salidas próximas salidas serán: el 27 de octubre, el 10 y 24 de noviembre y el 8 de diciembre.

Contactos:

Full Turismo (71938290),
Buho’s Tours (2312574),
Geo Trek (2379806) y
Wiñay Marka (71945214).

Awana Turismo. Pasaje Pilcomayo N° 66 (3er. Piso) Canónigo Ayllón y Amazonas (San Pedro) Teléfono: 2487450.

La historia del transporte público en la ciudad de La Paz El tranvia

El Tranvia

Fue implementado en 1909

La empresa The Bolivian General Interprise implemento el servicio. 40 carros recorrian 5 rutas:
  1. Central Chijini - San Jorge
  2. Calle Loayza - Sopocachi
  3. Avenida 12 de Julio - Cementerio
  4. Plaza Murillo - Miraflores 
  5. San Jorge - Obrajes
Luergo pasó a Bolivian Power hasta el colapso del servicio en 1951


Monumentos de La Paz monumento al MAESTRO BOLIVIANO

Obra del escultor Víctor Hugo Barrenechea, realizada a base de bronce fundido en 1983. Está ubicada en la rotonda homónima, entre la avenida de Las Américas y la calle Caranavi de la zona de Villa Fátima.

 La estatua que consagra la labor del maestro boliviano fue erigida por la Alcaldía Municipal, durante la gestión del alcalde Benjamín Miguel Harb, con el emprendimiento del Rotary Club de La Paz. El develado de la obra fue realizado el 6 de junio de 1983, fecha en que se recuerda el día del maestro boliviano. La efigie de la estatua presentaba a un maestro que en una mano sostenía átomos, representando la labor científica de los educadores, y en la otra un libro, que representa la cultura del saber. Los átomos, siendo una pieza que se encontraba soldada, fueron robados por su valor como fracción de bronce. Es por ese infortunio que la estatua presenta un brazo alzado vacío.

Para saber mas puede consultar https://es.wikipedia.org/wiki/Maestro

Coronavirus en La Paz

Esta página web fue desarrollada por bolivianos usando inteligencia artificial ( AI ) de Microsoft

Para quienes desean saber el número de coronavirus que afectan al departamento de La Paz en general asi como a la ciudad se puede consultar en este enlace


https://bit.ly/2YiY8GL

Otra forma de ver los casos de COVID-19 mas detallado puede ser encontrado en la siguiente página web

https://bit.ly/3f5Wter

La historia del transporte público en la ciudad de La Paz la llama

La llama prehispánica

En la época prehispánica se utilizaba la llama. En la conquista española, la mula, el caballo y el buey fueron la tracción de las carreteras, lo que se denomino transporte  a la fuerza de sangre predominante durante la constitución de la República de Bolivia a fines de siglo XIX

El secuestro más extraño del fútbol

Nota de prensa que salio publicada en el periodico Página Siete el día domingo 17 de Julio de 2018

¿Qué sucede cuando los vecinos de un barrio que colinda con las nubes ponen a punto su estadio y éste es vetado?

Cuando el 23 de enero de 2011 Yuri Villarroel marcó un gol histórico para La Paz Fútbol Club no pensó que semanas más tarde sería secuestrado. El suyo fue un tanto extraño: le pegó ligeramente con el muslo. Fue su primera diana como profesional. Y fue la primera vez que un jugador de la liga boliviana hacía gol en un partido oficial en El Alto, en el estadio Los Andes, uno de los más elevados del planeta, a 4.080 metros sobre el nivel del mar. A esa altitud en otros lugares no hay ciudades sino montañas. A esa altitud en países como Suiza construyen pistas de esquí. Yuri, sin embargo, hizo aquel gol como si nada, con la calma de un notario que estampa su firma en un contrato.



Fue en el minuto veintiséis del segundo tiempo, cuando salía del banquillo; después de una falta en el lateral izquierdo; tras un centro del argentino Alejandro Molina que parecía que no tocaría suelo; tras ese centro envenenado que efectivamente nunca pisó suelo; que terminó en la pierna de Yuri, quien de volea introdujo el balón tras el portero. En un parpadeo: visto, no visto. Luego: silencio, el estallido de la grada, Yuri que corría con el grito en la boca hacia la banda, sin polera. Allí. Tan arriba. Frente a toda la fanaticada. Con el cuerpo en ebullición, ajeno a los diez grados de temperatura.

1. (El camarín)

Un mes después, en el mismo lugar, en el mismo escenario, Yuri siente el frío que no le incomodó aquel día. Son las ocho de la noche y dentro, en los camarines, no es suficiente el café hirviendo para calentarse. Dentro, paredes blancas, desangeladas. Dentro, las sillas de plástico que usan los jugadores para cambiarse están más juntas que de costumbre. Dentro se consultan los relojes a cada rato. Dentro algunos hablan por teléfono con sus familias; otros dormitan. Dentro, los secuestrados, los integrantes de La Paz Fútbol Club: los futbolistas, el entrenador, el médico, el masajista, el chofer del bus que les ha traído. Dentro se está mejor que fuera. Fuera parece el fin del mundo.

En enero de 2011, Yuri Villarroel marcó un gol histórico para La Paz Fútbol Club. Fuera, arena y viento: los vientos del norte que se apoderan de las calles como si fueran una canaleta. Fuera, las casas que se repiten: todas iguales, todas de adobe, ladrillo descubierto y calamina. Fuera, Cosmos 79: el barrio interminable, extenso como una estepa, rojizo, duro, inexpresivo. Fuera, los vecinos. Los vecinos que oyeron por la radio a la mañana que vetarían su estadio por inseguro, los vecinos que luego se movilizaron, los vecinos que cerraron el recinto con candados, los vecinos que dijeron: «nadie entra, nadie sale». Fuera, el horizonte, la lejanía, el olvido. A más de 4.000 metros: el olvido. Fuera, los hinchas: los hinchas que secuestraron a su propio equipo.

En enero de 2011 Yuri Villarroel marcó un gol histórico para La Paz Futbol Club
2. (Cartografías)

Sólo un hincha desesperado sería capaz de secuestrar a un futbolista. En Cosmos 79 los desesperados fueron más de cien vecinos. Lo suyo fue un secuestro silencioso, amable incluso. Sin palos. Sin armas. Sin aderezos. Un jaque mate magistral en una sola jugada: sellaron las puertas una a una y esperaron nada más a que La Paz Fútbol Club diera por finalizado el entrenamiento vespertino. Fue un catenaccio1 en toda regla. Genial. Improvisado. La única manera posible de que un lugar que no aparece ni en las guías de viaje ni en las cartografías de turista dejara de ser invisible durante un rato.

—En realidad no se trataba de un secuestro. Lo nuestro fue pura estrategia. ¿De qué otra forma podíamos presionar para que no clausuraran nuestro campo? —pregunta ahora Roberto Condori Chura, vicepresidente del Consejo Central de Juntas Vecinales de Cosmos 79. Condori tiene la tez cobriza y el gesto duro, como muchos de los vecinos de El Alto. Y paso seguro al caminar mientras se acerca a inmediaciones de la cancha.

Dice Roberto que, después de una inspección y varias remodelaciones, el estadio Los Andes fue habilitado a principios de año por la Liga para acoger partidos oficiales. Que fueron los mismos vecinos los que llenos de ilusión arreglaron las duchas, taparon los agujeros y cercaron con mallas de seguridad las instalaciones.

El barrio Cosmos 79 en El Alto. —Todo lo que nos pidieron lo acondicionamos. Hasta mujeres había trabajando picota en mano. Por eso nadie entiende que nos quieran vetar el estadio. Dicen que no ofrecemos suficientes garantías. Que no entra gente en nuestras graderías. Pero aquí no ha muerto nadie. Aquí pueden venir moros y cristianos.

3. (Villas y favelas)


Roberto agarra con la mano izquierda una agenda de cuero marrón donde suele anotar lo que ocurre en el barrio: los reclamos, las denuncias, los problemas, los incidentes. Absolutamente todo. Viste una gabardina negra, zapatos bien lustrados, camisa blanca y lentes oscuros para el sol. Aunque no lo sea, tiene el rostro duro de los funcionarios. Y una idea clara: nadie tiene derecho a dejar sin fútbol de primera a la ciudad de El Alto.

—Sin Liga, sin partidos — silabea. Y señala hacia unos jovencitos que disputan en estos momentos un campeonato intercolegial en el estadio, que se mueven aún con cierta torpeza, que corren detrás de la pelota como si ésta fuera una liebre inalcanzable.

—¡No lo permitiremos! —exclama acto seguido con una mueca sincera de disgusto—. Nos están discriminando: estos niños deberían poder ver aquí (donde han nacido) a los jugadores que admiran tanto.
Francisco Quispe y Roberto Condori del Consejo central de Juntas Vecinales
de Cosmos 79 en 2011

En Cosmos 79, como en las favelas de Río o en las villas de Buenos Aires, el fútbol se ha convertido en una válvula de escape. Los niños quieren ser aquí como Cristiano Ronaldo o Leo Messi, los nuevos rock stars de la enciclopedia balompédica. Y el hecho de que una estrella como Messi firmara su primer contrato en una servilleta les da esperanza: su historia es la de un muchacho humilde capaz de conquistar el mundo bailando en los terrenos de juego. Les hace ver que pueden superarse: Messi, que mide 1.69, anota a veces goles por encima de gigantes de dos metros. Quizá por eso el escritor y periodista mexicano Juan Villoro dice que “no hay defensas ni cerraduras que puedan detenerlo”.

El día del secuestro, sin embargo, en el estadio Los Andes bastó un puñado de candados para detener a un equipo completo. Solo un par de juveniles escaparon. “Saltaron el muro de tres metros”, me diría semanas después Carlos Eulate, uno de los custodios del campo. El resto pensó que se trataba de una broma cuando alguien apareció por el camarín para decir que estaban encerrados. Y la mayoría no se lo tomó en serio hasta que el médico del plantel, un joven de hombros caídos que siempre anda con el botiquín de un lado para otro, repartió vitaminas A y C para que no se resfriaran.

Dice el periodista Ricardo Bajo que La Paz F.C. es “un equipo atípico y único en el mundo”: con escasa hinchada, con apenas divisiones inferiores y que entrena en canchas alquiladas. Dice que “es el plantel de una sola persona”: Mauricio González, un tipo que en otras épocas ha transferido jugadores a destinos tan exóticos como Azerbaiyán o China. Dice también que González fue presidente de Yacimientos Petrolíferos Fiscales de Bolivia. Que luego quiso tener un club y, como quien va de shopping, “se compró uno”.

Hoy es un jueves de finales de marzo de 2011 y estoy frente a un chalet que parece ser una oficina, frente a una puerta sin placa, identificada nada más que por el número 504. Entre esa puerta y la casa hay un patio con una palmera, un jardinero y un gimnasio personal con un puñado de máquinas un tanto improvisado. Dentro, en la sala en la que me aguarda Mauricio, apenas hay muebles: solo algún trofeo, fotos y una mesa de madera donde está él, parapetado en una silla. Sin mirarme, mientras chequea algo en su laptop, dice que puede darme veinte minutos. “Soy un hombre muy ocupado”, señala.

Mauricio es un tipo de mediana edad, alto, robusto, que viste bien —de traje, con chaqueta a cuadros y un elegante pañuelo en la solapa—, que como la mayoría de sus amigos empresarios consulta el móvil a cada rato.

5. (Evasivas)

Con su teléfono celular Mauricio maneja el pequeño mundo que le rodea: da órdenes, negocia fichajes o traspasos, ofrece exclusivas a los periodistas e interpela de vez en cuando al cuerpo técnico, porque es duro admitir que su equipo, el equipo que más alto patea la pelota (a 4.080 metros), sea el que más abajo está en la tabla de clasificaciones.

Pero el día que encerraron a su plantel en el estadio Los Andes el celular no le sirvió de mucho. Aquel día tuvo que ir a negociar personalmente a El Alto.

—¿Para que los vecinos soltaran a los rehenes? —le pregunto.

—No, por Dios, no. No fue un secuestro.

Mauricio González me dice ahora que no, que a su equipo no lo secuestraron.

—Pero no los dejaban salir, los tenían retenidos en el campo —le digo.

—No, no, claro que no, mis jugadores no estaban retenidos —insiste.

Lo piensa un poco, como si dudara. Y luego hace énfasis en el final de la frase:

—No, no estaban retenidos —recalca.

Lo hace, creo, para que me quede claro.

Después Mauricio me reitera que todo fue de mutuo acuerdo, que a los jugadores les llevaron sándwich y pollos a la broaster para matar el hambre. Que los dejaron ir antes de las diez de la noche para que no enfermaran.

—Los dejaron ir —repito.

— Los dejaron ir — repite.

Los dejaron ir después de que se calmaran los ánimos. Los dejaron ir después de que a los vecinos nadie les hiciera caso.

6. (Colorados)

La Paz F.C. se llamaba antes Atlético González en honor al padre de Mauricio. Tuvo sus días de gloria: en 2007 ganó la Copa Aerosur y ha llegado a ser subcampeón de Liga. Pero desde hace un par de años se tambalea en las últimas posiciones del torneo.

—Hasta hace poco éramos el tercer equipo de La Paz. Y lo que necesitábamos era hallar un hogar en el que se nos quisiera. Porque la gente de La Paz es muy cariñosa, pero tiene un problema: es hincha de The Strongest o Bolívar —Mauricio se sonríe—. Para mí la dupla con los alteños es magnífica: nosotros ganamos afición y ellos pueden tener fútbol en su casa, en su estadio. Por eso solicitamos jugar en la ciudad de El Alto.

Estadio Los Andes
Hace algunos años, ante la ausencia de una hinchada, Mauricio hizo gestiones para que una compañía del regimiento de los Colorados, con sus bombos y bien uniformada, les alentara. Quiso ser un golpe de efecto: los Colorados son unos muchachos altos, bien plantados, que llaman la atención porque visten de manera extravagante, como soldaditos de plomo; y además forman parte de la escolta presidencial. Es decir, son los que custodian el Palacio de Gobierno. ¿Qué mejor recurso para conquistar las gradas?

Aquella fórmula, sin embargo, se agotó enseguida. Y ahora, de momento, La Paz Fútbol Club es todavía una especie de prótesis para El Alto, una ciudad a la que le faltaba esa extremidad llamada equipo. Porque el idilio seguramente no se completará hasta la siguiente temporada, cuando el plantel azulgrana cambie de nombre y pase a ser oficialmente El Alto Fútbol Club: el club de El Alto.

7. (Los Latinos)

Es domingo y en Cosmos 79, justo en la puerta del restaurante Los Latinos, hay un futbolín con dos equipos. Los de siempre: The Strongest y Bolívar. Los futbolistas de madera —atigrados unos, celestes otros— están pálidos de tanto uso. Seguramente, tras haber protagonizado partidillos memorables gracias a la buena muñeca de los vecinos.

—¿Y cuándo pintará a los jugadores de alguno de los dos equipos de azulgrana? —le pregunto a Olimpia Mamani, la dueña del local, de treinta y cinco años—. Al fin y al cabo, son los colores de La Paz Fútbol Club, ¿no ve?, que ahora representa a El Alto.

Olimpia me regala una sonrisa a medias. Luego, se encoge de hombros. No sabe aún cuándo. Todavía hay muchos bolivaristas y estronguistas en el barrio.

Cuando The Strongest subió a jugar a El Alto contra La Paz F.C. el restaurante Los Latinos estaba repleto. Se llenó con comensales el primer piso, el principal, el de las mesas, el de los colores crema, el de los platos típicos, el de la cumbia y la música chicha. Pero también los que están en construcción: el segundo, el tercero y el cuarto.

—Me quedé sin sodas. Sin dulces. Sin cigarros. Sin comida. Sin cervezas. Me vaciaron el almacén entero —enumera Olimpia.

Por unos pocos pesos, el edificio se convirtió en una gradería improvisada, en una especie de tribuna para el pueblo. Allí arriba había gente de pie y otra sentada en sillas plásticas: niños, hombres y mujeres. En medio de la obra bruta, entre ladrillos.

A metros de Los Latinos había también personas subidas sobre camiones, micros y otras movilidades. Muchos con sus bufandas apasteladas, para dar su apoyo desde ahí a uno u otro bando, bajo ese sol tan típico del Altiplano: que no calienta pero quema.

8. (Tucumanas)

De vez en cuando, Gladys Ticona, una señora robusta de cuarenta y ocho años, ofrece empanadas al lado del mercado de Cosmos 79. Hoy es sábado, hay bastante ajetreo y ella se protege de la claridad con un sombrero. Luce además un uniforme azul cielo que se distingue desde lejos. Y maneja un carrito móvil en el que hay tarritos con salsa de maní y con llajua (salsa picante) para que los clientes acompañen sus empanadas.

Gladys dice que en el barrio hay ahora muchas comerciantes pequeñas (alrededor de ciento ochenta). Que los terrenos han subido de precio desde que construyeron el estadio. Que los días de partido el verdadero negocio aquí no es el de los goles, sino el de la comida.

—Cuando juega La Paz Fútbol Club algunas compañeras venden en un día lo que suelen tardar en despachar otras veces una semana —asegura.

Una ecuación perfecta. Pero por el momento —y tras las nuevas observaciones que le han hecho al campo: escaso aforo, barandas débiles, concentración de materiales áridos, falta de espacios adecuados para la prensa, etcétera— los partidos de primera división han sido un patrimonio escaso.

Por eso la pujanza no llega todavía. Por eso dice Gladys que protestaron.

—No tenemos nada en contra de los jugadores. Ellos son como mis hijos. Pero lo que nos está haciendo la Liga es una injusticia. Y acá ante cosas así reaccionamos.

Gladys evita llamar secuestro a lo ocurrido hace unas semanas. “Incidente —dice—. No hay que exagerar lo que ha pasado. Eso nomás fue: un incidente”.

La palabra exacta para ella es incidente.

—Además —aclara—, antes de las diez de la noche dejamos marchar a los futbolistas por una de las puertas. Pero a los periodistas no les avisamos para que se quedaran.

Estadio Los Andes

9. (Fuera de foco)

Un secuestro comparte con la cita a ciegas los desenlaces imprevistos. En 1942, durante la ocupación alemana, los jugadores del Dínamo de Kiev, que se encontraban retenidos, eligieron dar la vida a perder en su propio campo contra una selección de Hitler. “Si nos ganan, les matamos”, les dijeron; y así fue: los torturaron y los fusilaron (algunos lucían aún los dorsales de aquel partido cuando les dispararon). En México, el jugador peruano Reimond Manco, del Atlante, tuvo mejor suerte este año: salió ileso. Porque nunca hubo secuestro: se lo inventó él para no confesar que estaba ebrio. Y acá, en Cosmos 79, el objetivo era simplemente ser noticia: aparecer en los medios.

Y esta vez sí: el barrio fue por fin noticia después de mucho tiempo.

Mientras, en los camarines, los jugadores quedaron en un segundo plano, fuera de foco, resignados. Aquel día, jugaron a las cartas. Escucharon música en sus teléfonos o en sus iPod. Se hacían bromas unos a otros. Descansaban intranquilos sentados con las piernas estiradas en las bancas y sobre la camilla de emergencias. Y armaban comitivas de dos o tres personas para acercarse a la puerta principal a enterarse de cómo iban las negociaciones. Pero las negociaciones no iban. Mauricio Méndez, el presidente de la Liga, no atendía las llamadas. Como quien apaga la luz apagó su celular y dio carpetazo al caso.

Cuando bajó la temperatura, el lugar se transformó en un pequeño frigorífico en el que cada vez era más complicado calentar las articulaciones. No había mantas. Y el masajista tuvo que hacer horas extras de pierna en pierna.

—Pero entendíamos perfectamente a los vecinos —dice Richard Rojas, volante de contención de nariz prominente y treinta y seis años de La Paz Fútbol Club—. Son personas de gran corazón y querendonas del fútbol. Protestaron porque nos quieren en El Alto. Probablemente, si no lo hubieran hecho así, nadie les estaría haciendo caso.

10. (El mercader)

Como muchas otras zonas de El Alto, Cosmos 79 era antes una hacienda: Collpani, que comenzó a urbanizarse en 1979 de la mano de Benigno Gómez, a quien algunos apodaban El Mercader de Tierras. Benigno era el apoderado de veinticinco colonos de la zona que no sabían ni leer ni escribir; y no tardó mucho en vender todos sus terrenos.

Hace treinta años en este lugar no había luz. El agua se conseguía en pozos. Y los pocos privilegiados que tenían un televisor lo hacían funcionar con baterías que cargaban en un barrio cercano. En aquella época los partidos de fútbol eran todavía un acontecimiento exótico. Se jugaba por una vaca, por un toro. A veces, por una llama.

Hoy, está todo lleno de edificaciones y en El Alto las canchas se improvisan en cualquier esquina. El fútbol es aquí casi una religión que compite únicamente con las iglesias evangélicas y con los más de sesenta campanarios de estilo renacentista que el sacerdote alemán Sebastián Obermaier construyó para que sean lo primero que uno vea desde los aviones cuando aterrizan en el aeropuerto internacional que funciona en pleno corazón de la urbe. Por eso no debe extrañar que las dos estructuras que han sacado a Cosmos 79 del ostracismo hayan sido la catedral de Obermaier y el estadio Los Andes.

La catedral está ubicada sobre un antiguo cementerio campesino y, además de ser el principal centro espiritual de este sector, es un punto de encuentro, ya que está al lado del mercado, un tinglado de tablones y nailones azules en el que se comercializan fideos, carnes, frutas y verduras. El estadio, por su parte, es un “elefante blanco”. Y según el escritor alteño Marco Alberto Quispe Villca, uno de los principales incentivos para que este área deje de ser el patio trasero de la ciudad de El Alto.

Pronto se construirán las curvas y Los Andes podría albergar a cerca de veinte mil espectadores, es decir, a casi la mitad de los habitantes de este barrio que eligió un nombre exquisito. Porque Cosmos fue un célebre equipo de Nueva York que en las décadas de los 70 y 80 reclutó a futbolistas míticos, como Pelé o Franz Beckenbauer. Sin embargo, en estas calles en las que por el día aún pastan desordenadas algunas ovejas son pocos los que conocen este dato histórico.

11. (Plus altus)

Plus Altus (más alto) es el lema de La Paz F.C.; y son pocos los campos en el mundo que están más arriba que el estadio Los Andes. Desde su gradería se impone un paisaje único: la Cordillera Real, una cadena montañosa con picos cosidos uno detrás de otro y una altura promedio de seis mil metros. Los aficionados saben cómo convertir cada partido aquí en un bonito espectáculo. Pero los equipos se resisten aún a jugar tan lejos.

A Cosmos 79 se llega tras media hora de viaje, en minibús o micro, desde la Ceja de la ciudad de El Alto. La Ceja es el límite con La Paz. Una frontera. El lugar del que salen todos los caminos (y al que todos los caminos llegan). Algunos han llamado a El Alto la no-ciudad por su apariencia invisible, porque no tiene rascacielos, ni calles edulcoradas con cientos de letreros luminosos ni otros puntos de referencia tan típicos de cualquier urbe moderna. Porque es gris y polvorienta. Porque está invadida por el comercio informal y por los perros callejeros. Pero es en realidad la ciudad más representativa del país: poblada por gente de todos sus rincones, sobre todo del campo. Y Cosmos 79 es un fiel reflejo de todo esto.

En el trayecto hacia este barrio hay una calle invadida por vendedores de madera. Hay llanterías. Hay avenidas que parece que no van a terminar nunca. Hay pintadas que avisan lo que pasará si un ladrón se acerca: “Auto sospechoso será quemado”, se lee en algunas de ellas. De lo alto de varias luminarias cuelgan ahorcados muñecos de trapo, sin rostro, que también sirven de advertencia a los rateros. Y un mal giro en esta pampa de asfalto y de ladrillo provoca con facilidad que uno se despiste y ponga dirección hacia otro lado: en su día, por ejemplo, el Real Mamoré, primer plantel profesional que se estrenó en Los Andes como visitante, se perdió por el camino y el partido tuvo que retrasarse varios minutos.

—Pero eso no es excusa para que otros equipos no quieran venir acá —se duele Francisco Quispe, presidente del Consejo Central de Juntas Vecinales de Cosmos 79.

—Si tan buenos dicen que son, ¿de qué tienen miedo?, ¿de la altura?, ¿del césped sintético? Lo que pasa es que son muy malos. Lo que ocurre es que no hemos tenido fútbol de verdad desde el 94.

El francés Albert Camus, que fue arquero y gambeteador antes que ensayista, tuberculoso y novelista, decía: “para mí, patria es la selección nacional de fútbol”. Y en Bolivia aquella patria se quedó anclada en 1994.

La selección del 94, la más aclamada de la historia boliviana, fue la última en clasificarse para un Mundial. Y es tan representativa para el país que algunos de sus futbolistas acaban de pedir una renta vitalicia por los servicios prestados.

12. (Último minuto)

—Si quieren guerra, tendrán guerra —me dice otro día desde una banca de madera Roberto Aguilar, dirigente de la Federación de Juntas Vecinales de El Alto (Fejuve).

La sede de la Fejuve es un edificio pálido, de paredes desconchadas, que no deja de engullir y escupir gente. Es un termómetro que mide el estado de ánimo de la sociedad alteña. El cuartel general de una organización que en 2003, tras una masacre militar, hizo huir al presidente Gonzalo Sánchez de Lozada.

A los diecisiete, la edad en la que Messi comenzaba a triunfar en el Barcelona, Roberto Aguilar me cuenta que él ya había renunciado a convertirse en futbolista. En el club español le pagaron a La Pulga un tratamiento hormonal de novecientos dólares mensuales. En casa de Roberto no alcanzaba para botines o una pelota reglamentaria. Y ahora a Roberto le sobran años para jugar —ya ronda los cincuenta—, pero no para disfrutar del fútbol.

—Mis compañeros y yo ya estamos bastante pasaditos, pero en el estadio Los Andes jugarán dentro de poco otros alteños, los que sí tienen futuro —suspira.

Luego, intuyendo que hay encima suyo un par de miradas de curiosos, reclama:

—¡Se juega donde se vive, carajo!

Y su voz suena con eco por el pasillo.

El fútbol, pienso entonces yo, es también una cuestión de democracia.

En 2007, Evo Morales sorprendió al mundo iniciando una cruzada para evitar que el suizo Joseph Blatter, presidente de la FIFA, vetara los estadios situados a más de 2.500 metros. “Quien puede hacer el amor en las alturas también puede jugar fútbol”, dijo Evo; y para demostrar que no pasaba nada, rozando la locura, organizó un partido de futbito en la cumbre del Sajama, el techo del país con más de 6.500 metros.

En Cosmos 79 la locura fue un secuestro express en el último minuto. Un secuestro en defensa propia que los vecinos acababan de inventarse.

13. (La radio)

La última vez que visité el estadio Los Andes, alguien me dijo que, desde que no había fútbol de primera, todo se veía raro. “El barrio está más triste”, fueron concretamente sus palabras. Se apagó sin más, así como se desvanece un fósforo decapitado.

La imagen ese día era de postal: las calles casi vacías, remolinos de polvo por donde pasaron las últimas vagonetas, fogonazos de luz en los tejados. Y un campo de juego en el que había un campeonato local de juveniles y escaso público.

Tras disfrutar de un par de goles de fantasía de los adolescentes, cuando salía de las graderías, me crucé con un tipo de mediana edad y rostro seco, cuarteado, que cubría la cabeza con un chullo (gorro de lana) de colores neutros y manejaba una bicicleta vieja de varillas oxidadas. Una radio colgaba de su manillar y se meneaba como un péndulo. El locutor narraba a través de ella el partido de La Paz Fútbol Club en otro estadio. O lo que es lo mismo: aquel señor escuchaba el partido que no le dejaban ver en su propio campo.

Este texto se publicó originalmente en mayo de 2011, en la revista Día D de Tarija, y la información mencionada en él corresponde a aquella época. Posteriormente, ha aparecido en dos libros: Los mercaderes del Che, de la editorial El Cuervo, y No me jodas, no te jodo, de la editorial Sobras Selectas.

[1] En italiano, cerrojo. Táctica de fútbol netamente defensiva ideada por Nereo Rocco.

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